domingo, 7 de abril de 2013

Historia del ecologismo (II): El ecologismo moderno


Aunque podemos vislumbrar movimientos «protoecologistas» durante el siglo XIX e inicios del siglo XX no es hasta los años sesenta que el movimiento ecologista toma conciencia de la degradación ecológica global y de la amenaza que supone para la supervivencia de las sociedades.

Aunque el primer capitalismo, basado en la máquina de vapor y en el consumo de carbón, supone un incremento exponencial de la degradación ambiental, la industrialización y la mercantilización eran mucho menores de lo que iban a ser después de la segunda revolución tecnológica (basada en el petróleo, el uso generalizado de la electricidad y el auge de la industria química y automovilística) y del comienzo de la fase fordista del capitalismo, que permitió el consumismo de masas.

Así pues, entre 1930 y 1950 se produce el tercer salto metabólico de las sociedades (el primero se produce durante la revolución neolítica; 8.000 a.C. y el segundo durante la primera revolución industrial; 1750-1800).

Como se puede observar en los gráficos (línea discontinua vertical), tanto las emisiones derivadas del consumo de fuentes de energía fósiles y de la producción de cemento como la población mundial se disparan a partir de la segunda revolución tecnológica.

Los diferentes problemas que ha generado el desarrollo de la economía capitalista han sido divulgados mediante obras que crearon en su época la conciencia ecológica que aun hoy perdura.

Es así como en los años sesenta se generó lo que los expertos conocen como «primera ola del ecologismo» mediante libros que pusieron de manifiesto los problemas derivados del crecimiento demográfico mundial (Paul y Anne Ehrlich: The Poulation Bomb, 1968; Population, Resources and Environment, 1970), la extensión en el uso de pesticidas y contaminantes (Rachel Carson: Silent Spring, 1962) o de haber llegado a los límites biofísicos del planeta (Barry Commoner: Sciencie and Survival, 1963; The Closing Circle, 1971). En especial cabe destacar los dos informes del Club de Roma (Los límites del crecimiento, 1972; La Humanidad en la encrucijada, 1974) que obtuvieron una gran acogida entre el público y determinaron en gran parte el debate ecologista de la década de los setenta.

Esta primera ola (siguiendo la terminología de Humphrey) de los sesenta y setenta sirvió principalmente para establecer en sociedad una conciencia sobre los problemas ambientales del desarrollo industrial. 

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