lunes, 4 de marzo de 2013

La homosexualidad y la supervivencia de la especie


Recientemente, el señor Fernández Díaz mostraba su «preocupación» por que la homosexualidad pudieses comprometer la supervivencia de la especie. Dudando de si entrar a la palestra o no, al final he decidido dar mi opinión sobre algo tan intrínsecamente ecológico como la supervivencia de una determinada especie por comportamientos humanos… ¿O no tan humanos?

Su argumento estrella es que «Si nos oponemos al matrimonio entre personas del mismo sexo, no podemos usar argumentos confesionales. Existen argumentos racionales que dicen que ese matrimonio no debe tener la misma protección por parte de los poderes públicos que el matrimonio natural. La pervivencia de la especie, por ejemplo, no estaría garantizada».

Así pues, la pregunta es obvia: ¿Debe el Estado desproteger o incluso penar aquéllas practicas que vayan en contra de la supervivencia humana? Y por ende ¿Es la homosexualidad un factor de riesgo para su supervivencia?

Lo «natural» y lo «bueno»

¿Es la homosexualidad un invento de los humanos? Lógicamente no. Se han descrito comportamientos homosexuales en todas aquéllas especies que se reproducen de forma sexual. De hecho, en la naturaleza podemos encontrar comportamientos sexuales muy variados: homosexualidad, bisexualidad, hermafroditismo, promiscuidad, poligamia, poliginia, etc. ¿Existe alguno que sea bueno? ¿Cuál?


Uno de los errores que comúnmente cometen aquéllos que observan los comportamientos en la naturaleza es inferir juicios de valor: «Lo natural es bueno» o «No debemos comportarnos como animales», etc.

Lo cierto es que, en mi opinión, los comportamientos naturales no tienen carga moral. No podemos inferir un juicio de valor al hecho de que existan apareamientos promiscuos o de que los osos se coman las crías de las hembras para que estas entren en celo.

Pero tampoco debemos ignorar aquéllas cosas que nos muestra la naturaleza. Es difícilmente creíble el argumento de que la homosexualidad (o la bisexualidad…) es una construcción social (o como algunos dicen, una desviación) si podemos encontrar casos en todos los animales que se reproducen sexualmente.

Así pues, difícilmente podamos decir que la homosexualidad es buena o mala, deberemos conformarnos con constatar que es real, que existe más allá de la influencia que la sociedad pueda tener en el desarrollo de los individuos.


El Estado y la supervivencia


Antes de entrar en materia, me gustaría hablar brevemente sobre la conocida popularmente como Ley de Matrimonios Homosexuales (Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio).

En el apartado de disposiciones generales se manifiesta que: «La relación y convivencia de pareja, basada en el afecto, es expresión genuina de la naturaleza humana y constituye cauce destacado para el desarrollo de la personalidad, que nuestra Constitución establece como uno de los fundamentos del orden político y la paz social».

Así pues, equipara la convivencia y el afecto entre personas del mismo sexo con el que pueden sentir personas de distinto sexo. Si dicho argumento no se tradujese en una igualdad de derechos, el Estado estaría incurriendo en una discriminación hacia parte de sus ciudadanos.

Desde la entrada en vigor de la normativa que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo  se han celebrado más de 22.000 bodas y casi 900 divorcios.

Como no puede ser de otra forma, el Partido Popular presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional el cual ha avalado la constitucionalidad de la Ley de Matrimonios Homosexuales y rechaza además que pueda considerarse inconstitucional la adopción de menores por parte de parejas homoparentales.

En el argumento de Fernández Díaz hay un error de fondo: considerar que el objetivo último del matrimonio (y por ende de la familia) es la procreación. Si fuese así ¿Por qué no hay una obligación explícita de procrear en todas aquéllas parejas heterosexuales fértiles?

No debemos olvidar que a menudo el racismo, el machismo y la homofobia se camuflan bajo el paraguas de lo políticamente correcto. Un dinosaurio de la política como Fernández Díaz debería comprender que sus antepasados que dominaban la Tierra por los años del Mesozoico no se extinguieron por permitir la unión entre Tyrannosaurus rex del mismo sexo. Y es que, cuando uno no se adapta a los cambios, corre el riesgo de extinguirse, biológicamente y políticamente.

Así pues, el Estado se ve de nuevo ante la disyuntiva de seguir siendo un dinosaurio o dejarse llevar por el curso de los nuevos tiempos.  No hay casos de especies extinguidas por que sus individuos se hayan vuelto todos homosexuales (o célibes).


La paradoja evolutiva: ¿Por qué no se han extinguido los maricas?

Si un reconocido científico como Fernández Díaz señala que los homosexuales ponen en peligro la supervivencia de la especie ¿Por qué los hay en todas las especies?

Lo cierto, es que hay mucha mariposa suelta más allá del orden de los lepideropteros y mucho mariquita fuera del orden de lo coccinélidos, pero ¿Eso no va en contra de la selección natural?

A primera vista sí. Los homosexuales no dejan descendencia genética y por lo tanto no participan directamente de la supervivencia de la especie. Pero, ¿indirectamente participan? Al constatar que la homosexualidad existe en multitud de especies, se han formulado distintas teorías sobre su utilidad evolutiva:

1. Favorecer la cohesión del grupo. Si no tenemos normas morales que la sancionen, la homosexualidad tiene una función integradora, y un grupo más unido, que colabora más, tiene más probabilidades de supervivencia. Por ejemplo, en el caso de los leones, los miembros de una pareja que ha tenido relaciones homosexuales cuidan juntos a las crías de uno de ellos, favoreciendo sus oportunidades de supervivencia.

2. La homosexualidad puede ser una alternativa vicariante cuando faltan individuos de otro género (como suele ocurrir en centros de reclusión: cárceles, cuarteles, conventos…). Se pudo realizar para aliviar tensiones después de un conflicto o situación estresante (como pasa con los chimpancés).

3. Retirar algunos competidores en la lucha por las hembras podría haber reducido la conflictividad, aprovechando este excedente energético (conquistar a las hembras supone un gasto terrible muchas veces no demasiado rentable) para otros menesteres evolutivos.

4. La existencia de individuos sin obligaciones familiares (mantener a sus hembras y crías) permitía nuevas funciones alternativas a la caza como, por ejemplo, la vigilancia, el seguimiento de animales o la fabricación de herramientas.

5. Puede ser una expresión de pautas de mando y sumisión. El macho dominante muestra su poder sodomizando a otros miembros más débiles del grupo.

En definitiva, la homosexualidad es un comportamiento tan natural como la heterosexualidad. Lo que no es tan natural es la homofobia, que solamente se da en nuestra especie.

Así pues, puede que el camino recorrido haya sido el inverso del que la Iglesia y el sector conservador nos han contado. Puede, que la homosexualidad haya existido siempre y que la verdadera enfermedad sea la homofobia, que sí que supone una desviación de los patrones que se dan en la naturaleza.


El sexo no reproductivo y el imperativo de reproducirse


Con 7.000 millones de personas, aún hoy sale algún lumbreras diciendo que el matrimonio homosexual pone en peligro la reproducción de nuestra especie.

Este argumento tan simplón elude que hay multitud de prácticas sexuales no reproductivas y que por ende, deberían suponer un peligro para la especie. Pero la realidad es mucho más compleja, tanto en la naturaleza como en sociedad.

¿Debería el Estado prohibir la masturbación? Otra de aquéllas prácticas sexuales que no dejan descendencia. Sería curioso verles votar en el parlamento (y ver como se hunden electoralmente).

No existe un imperativo moral para reproducirse, y eso no es malo a nivel de especie. De hecho, si todos los seres humanos se reprodujeran la especie estaría en un serio peligro de supervivencia.

Así pues, el sexo es una cosa y la reproducción es otra. Fíjense que aunque algunos pronosticaban el fin apocalíptico de la especie a raíz de la distribución masiva de productos anticonceptivos, la población no deja de crecer.


Y es que, el sexo no reproductivo también cumple su papel en sociedad.


2 comentarios:

  1. En el Tercer Reich, entre otras obligaciones, las parejas "arias" debían tener hijos por orden del Führer, para perpetuar la raza...pues nada, estos son nuestros políticos.

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  2. Brillante artículo, tanto por la luz que arroja sobre el tema como por la frescura con que está escrito.

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