sábado, 30 de marzo de 2013

La carrera de Ciencias Ambientales (IV): ¿Debe el ambientólogo ser ludita?

Siguiendo el paralelismo de P.Snow (en su libro: Las dos Culturas, donde se plantea que los científicos tienen el futuro en sus huesos, es decir que buscan siempre el progreso técnico y científico, mientras que los literatos son luditas por antonomasia, por lo tanto ven con escepticismo los avances científicos y técnicos), ¿qué posición deben adoptar los ambientólogos ante la idea de progreso? ¿Deben ser luditas por antonomasia o tener el futuro en los huesos?

Si la carrera de Ciencias Ambientales refleja mínimamente el discurso ecologista de nuestra época, el papel de los ambientólogos debería ser como mínimo escéptico con la huida hacia adelante tecnológica.

Los movimientos sociales ecologistas son escépticos con la Modernidad, la cual se articuló en torno a «metarrelatos» que convergían en la idea de la emancipación de la humanidad y que tenían la finalidad práctica de legitimar las costumbres morales, sociales y, sobre todo, políticas. El ecologismo, prácticamente en su totalidad, se posiciona contrario con uno de los grandes relatos de la Modernidad: La idea de progreso gracias al dominio de la ciencia y la técnica sobre la naturaleza.

Hablando de ludismo en sentido estricto tenemos grupos anarquistas primitivistas (anarcoprimitivismo), que abogan por volver a una vida no «civilizada» a través de la desindustrialización y el abandono de la tecnología.

Utilizando el término ludista en un sentido más amplio sí que observamos que encontramos una serie de movimientos sociales y corrientes de pensamiento que se posicionan contrarios a la huida hacia delante tecnológica y al crecimiento económico como solución a los problemas ecológicos y sociales de nuestra era.

Desde hace unas décadas han surgido con fuerza grupos de activistas contrarios al uso de transgénicos, a la experimentación con células madre, a la geoingeniería (también conocida como «ingeniería climática), etc. que advierten que el progreso científico y técnico lejos de solucionar los problemas actuales creará otros nuevos y agravará los ya existentes.

Un ejemplo paradigmático lo encontramos en los proyectos de gestión del cambio climático, donde encontramos principalmente dos grupos de propuestas:

Tecno-entusiastas: En esta categoría encontramos a todas aquellas propuestas que mantienen su confianza en el avance científico y técnico para resolver el problema del calentamiento global. No encontramos sólo mejoras en la eficiencia del consumo de recursos o en energías renovables, sino que podemos ver también grandes proyectos de dominación de la naturaleza.

Un caso muy clarificador de esta visión es la geoingeniería (podéis leer una serie de artículos sobre los proyectos de manipulación del planeta aquí), que busca soluciones tecnológicas para evitar el cambio climático sin tener que reducir en nivel de emisiones. Para ello es necesario manipular las condiciones planetarias a gran escala.

Tecno-escépticos: Encontramos un grupo bastante heterogéneo de propuestas que coinciden en su desconfianza hacia la posibilidad de que el progreso científico y tecnológico traiga consigo la solución a los problemas que el mismo ha creado.

Encontramos tanto críticas sectoriales al actual modelo de desarrollo como críticas globales. En el primer grupo podríamos destacar la defensa de la agricultura ecológica, que defiende la vuelta a una agricultura sin pesticidas, herbicidas ni transgénicos. En el segundo podríamos agrupar a todos aquellos movimientos ecologistas y/o decrecentistas que se declaran anti-productivistas y contrarios al denominado «capitalismo verde» (que basa la solución en mejoras tecnológicas).

Es difícil decir que posición debería tomar un ambientólogo. Pues, aunque bien es cierto que la inmensa mayoría de movimientos ecologistas se han declarado tecno-escépticos, no todos los partidos políticos ecologistas lo han hecho.

Probablemente esto nos llevaría a la pregunta de ¿Para qué fue creada la carrera de Ciencias Ambientales? ¿Para aportar soluciones técnicas o políticas y sociales?

Buscando en la hemeroteca durante la fecha de la creación de los estudios en Ciencias Ambientales he encontrado una noticia en la que se afirmaba: «Los titulados en esta materia serían expertos en el campo de la gestión de los recursos naturales o en la planificación del territorio. Este tipo de profesionales podrían ser necesarios también, por ejemplo, a la hora de elaborar los estudios de impacto ambiental para determinar la identidad de un terreno para el asentamiento de determinadas industrias contaminantes o podrían asesorar a empresas en sus programas de adaptación a las normativas sobre protección ambiental» (LA VANGUARDIA La Universitat Autònoma prepara una licenciatura sobre medio ambiente, página 37 del día 18 de Enero de 1991).

En definitiva una carrera que se crea para hacer sostenible el sistema de producción y consumo actual, no para transformarlo. Quizás este hecho y el excesivo cientificismo de su plan de estudios pueden hacer del «ambientólogo» un sujeto más tecno-entusiasta que la gran mayoría de ecologistas.


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