miércoles, 6 de marzo de 2013

La carrera de Ciencias Ambientales (II): La Universidad-Empresa

Existe una separación académica entre los estudios de ciencias ambientales (es extrapolable también a la carrera de biología) y los posgrados de historia de la ciencia o de éticas aplicadas a la ciencia (bioética, ecoética, gen-ética…).

En el caso de la ética ambiental, no existe ningún estudio de posgrado. Únicamente pueden cursarse algunas asignaturas de ecoética y ética animal en el Máster de Ciudadanía y Derechos Humanos: Ética y Política. Por otro lado, hay dos universidades en Catalunya que ofrecen estudios de posgrado en bioética (UB y URL). Pero el factor más relevante es que no se ofrecen asignaturas de ética aplicada en prácticamente ningún grado de ciencias ambientales o biología. Sólo se ofrecen una asignatura en los grados de Ciencias Biomédicas y Genética de la UAB. En las demás carreras de Biología (y derivadas: Bioquímicas, Ciencias Biomédicas, Genética, Microbiología, Biotecnología, Biología Ambiental…) y Ciencias Ambientales no se ofrece ninguna formación en ética. Como si la ciencia fuese una disciplina sin carga moral.

¿Qué se espera de un estudiante de grado?

Antes de entrar a valorar el cientificismo o humanismo de las ciencias ambientales, me gustaría puntualizar un aspecto que creo que es importante para entender la crítica a la formación de los futuros ambientólogos.

Vivimos tiempos de cambio en la universidad, la estrategia de Lisboa y el plan Bolonia marcan una dirección clara: La transición de la «universidad de masas» a la «universidad empresa». Los cambios en la economía debidos a la informatización y a la especialización científica determinan que sea necesario que haya una gran parte de la población formada en estudios superiores de ingeniería, biotecnología, etc. Así pues, tenemos una demanda de mano de obra cualificada en medio de un escenario de desregulación del mercado de trabajo y de disminución de la financiación pública de las universidades.

Desde una visión neoliberal de lo que debe ser una Universidad se ha apostado por un modelo de Universidad-Empresa, que produzca titulados según las demandas del mercado y que se potencien los proyectos de investigación más productivos (dejando de lado los estudios que no produzcan beneficios económicos inmediatos).

Dicha transformación viene acompañada por dos puntos relevantes. El primero es la pre-carización del estudiante, del investigador, del profesorado y de los demás trabajadores (cafeterías, copisterías…); con el objetivo de abaratar los costes de producción de cono-cimiento.

El segundo punto es que la transición hacia una «economía del conocimiento» conlleva un cambio en el papel que tiene el graduado (anterior licenciado) en sociedad y en el mundo laboral.

Históricamente la universidad ha sido una institución de formación de las élites intelectuales. La cultura era un factor de segregación de clases sociales, pues sólo unas pequeñas élites eran capaces de acceder a estudios superiores y por lo tanto le eran reservados unos trabajos muy específicos que no podían ser realizados por el pueblo llano.

Así pues, a nivel social los cargos políticos, médicos, las cátedras y los altos funcionarios eran cargos «hereditarios» a la práctica, pues eran accesibles casi en exclusividad a los miembros de clase alta.

Pero en el capitalismo moderno la demanda de personal cualificado ha obligado a abrir la universidad a las clases medias de la población. El cambio relevante es el papel del graduado, que ya no conforma la élite del conocimiento sino que le corresponde una formación generalista, técnica, encarada al mercado laboral donde desempeñará una función polivalente, flexible y precaria.

Hay una segunda línea de producción que es la que creará las nuevas élites intelectuales-laborales: los estudios de posgrado. En mi opinión este es uno de los motivos principales por los cuales no se hace énfasis en la vertiente humanística, ética y política de los problemas ambientales durante los grados. Simplemente porque esta no es su función, el graduado en Ciencias Ambientales, no debería ser el responsable político, o el autor de libros de ética ambiental. Está diseñado para ser técnico de depuradoras, o gestor de un parque natural.

Es el estudiante de posgrado, el titulado de máster y de doctorado, el que recibe una formación no productiva del ámbito científico. Aunque lógicamente hay masters encarados a la economía productiva, la diferencia es que el máster es el primer nivel académico universitario donde nos encontramos planes de estudio que no están encaradas a la inserción laboral del individuo, sino a la formación intelectual.

Con esta reflexión quería poner de manifiesto que el excesivo cientifismo que observamos en los diferentes grados de Ciencias Ambientales no guarda relación solamente con la postura cientificista que puedan tener los diferentes académicos y planificadores de los diferentes estudios, sino que guarda una lógica con el sistema económico-productivo.

1 comentario:


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