viernes, 1 de marzo de 2013

La carrera de Ciencias Ambientales (I): El ecologismo académico


En esta serie de artículos analizaremos como se forman a los graduados en Ciencias Ambientales de Catalunya, los cuales deberían tener un perfil adecuado para dar solución a los problemas ecológicos de nuestra era.


La licenciatura de Ciencias Ambientales (actual Grado en Ciencias Ambientales, después de la adaptación al plan Bolonia) se creó en 1992 aprovechando la Conferencia de la Tierra de Río de Janeiro, uno de los eventos más importante en la historia de la política ambiental.

La primera universidad que la ofreció fue la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que de hecho este año ha celebrado los 20 años de Ciencias Ambientales. Al año siguiente se añadió la Universidad de Girona (UdG) y más tarde la Universidad de Barcelona (UB) y la Universidad de Vic (UVic).

En definitiva, tenemos cuatro universidades en Cataluña que ofertan grados de Ciencias Ambientales. Por otro lado, en 1996 se creó la Asociación Catalana de Ciencias Ambientales (ACCA) y el Colegio de Ambientólogos de Catalunya (COAMB) para facilitar la inserción laboral, defender y representar a los ambientólogos.

Objetivos del grado en ciencias ambientales

Según el Colegio de Ambientólogos de Catalunya, «El licenciado en Ciencias Ambientales ha recibido una formación interdisciplinar en ciencias naturales (química, biología, geología…), sociales (derecho, economía, sociología, ciencias políticas…), tecnológicas (ingeniería, monitorización…) e instrumentales (informática, Sistemas de Información Geográfica (SIG), etc.)».

A priori podría parecer una formación muy completa, por lo tanto será necesario analizar los diferentes planes de estudio para ver si un ambientólogo graduado en Catalunya lo hace con las competencias deseadas por el COAMB.

Por otro lado, cabe destacar que no se le dé importancia a otros conocimientos como la ética ambiental, la bioética, la historia del ecologismo, etc. En general, todas aquellas que no son «productivas» desde un punto de vista técnico, científico o económico.

Uno de los problemas a la hora de definir los estudios de ciencias ambientales es determinar cuál debe ser el papel del ambientólogo (palabra que en español no está reconocida, por la negativa de la RAE a incluirla en su diccionario) en la resolución de problemas ambientales.

Si uno considera que el papel del ambientólogo es coordinar grupos de investigación de diferentes ámbitos científicos para paliar los problemas ecológicos se elaborará un plan de estudios diferente que si se cree que es un estudio interdisciplinar para proponer formas de vida sostenibles.

El «Ambientólogo» como producto de un plan de estudios
Gráfico de las cuatro universidades de Cataluña donde se ofertan Ciencias Ambientales. Se han dividido las asignaturas en 6 categorías (1: Ciencias Formales; 2: Ciencias Naturales; 3: Ciencias Aplicadas; 4: Ciencias sociales; 5: Humanidades; 6: Lengua extranjera).

Analizando los planes de estudio podremos interpretar cuál es el papel que se le guarda al ambientólogo en el mundo laboral. Dividir las asignaturas en grupos siempre es un poco arbitrario, pero para poder mostrar resultados gráficos he dividido las asignaturas en seis grupos:

1. Ciencias Formales: Asignaturas relacionadas con las matemáticas y la estadística.

2. Ciencias Naturales: Asignaturas derivadas de la biología, la ecología, la geología y la meteorología.

3. Ciencias Aplicadas: Asignaturas relacionadas con la ingeniería ambiental y la monitorización de la contaminación.

4. Ciencias Sociales: Asignaturas relacionadas con las ciencias económicas y jurídicas.

5. Humanidades: Asignaturas dedicadas al estudio del desarrollo sostenible, la relación entre ser humano y naturaleza o la historia del ecologismo desde un punto de vista humanista.

6. Lengua extranjera: Inglés (sólo se oferta en la UVic).

Como se observa en los gráficos, el estudio de las asignaturas de «ciencias» (formales, naturales y aplicadas) ocupa en todas las universidades más de tres cuartas partes de los planes docentes, marcando en gran parte la formación de los futuros ambientólogos.

En todas las universidades se dan las nociones necesarias de economía y derecho para poder desarrollar la profesión, de hecho, en las cuatro universidades se le da una importancia parecida.

Hay un dato que me parece relevante, el trato residual a las asignaturas de Humanidades, las cuales suponen  en el mejor de los casos dos asignaturas durante la carrera. Pero aún más, la Universidad de Vic, que es la única universidad pública con gestión privada, no oferta ninguna asignatura del grupo de las humanidades. En ninguna universidad se ofertan asignaturas de sociología ni de ciencias políticas, que muestren las consecuencias sociales de las políticas ambientales, una de las capacidades que el COAMB le asignaba a los ambientólogos.

No sé si es una relación causa-efecto, pero sí que es cierto que el plan de estudios de la UVic (la única universidad que es pública pero con gestión privada) es cualitativamente diferente al de las otras tres universidades. Da una proporción mucho mayor a las asignaturas de ingeniería ambiental (grupo 4). De hecho, en su propia página web afirman que: «El Grado tiene una orientación clara a la tecnología y a la gestión ambiental. El objetivo fundamental es formar profesionales capaces de analizar científica, técnica y económicamente las posibles soluciones a los problemas ambientales…».

Las otras tres universidades comparten perfiles muy similares en los que podemos encontrar diferentes itinerarios, encarados sobre todo a: La conservación del medio natural (gestión forestal, gestión de fauna, gestión de espacios naturales protegidos…) y La ingeniería ambiental (control de calidad de aguas, gestión de residuos…). El papel del ambientólogo es el de poder coordinar un grupo multidisciplinar (científicos, políticos, agentes sociales…) y para ello recibe también formación en ciencias sociales y económicas.

Aunque con visión interdisciplinar, el ambientólogo es un científico. Tiene una formación científica y eso es un rasgo que define en gran parte su forma de ver el mundo.

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