miércoles, 20 de febrero de 2013

Historia del ecologismo (I): El protoecologismo de principios del siglo XX (parte 1)


Entendemos por «ecologismo» o «movimiento ecologista» un grupo heterogéneo, político y social, que propugna la defensa de la naturaleza. Aunque en la actualidad encontramos movimientos políticos ecologistas (partidos ecologistas y/o ecosocialistas), en su origen las reivindicaciones de tipo ecologista eran recogidas únicamente en los distintos movimientos sociales.

Un movimiento social es un agente colectivo que interviene en procesos de transformación social (promoviéndolos u oponiéndose a ellos). Surgen desde la sociedad precisamente como denuncia por la incapacidad de las instituciones de hacer frente a los problemas en torno a los cuales se articula el movimiento.

El objetivo de este primer punto del trabajo es identificar cómo se formó el movimiento ecologista y como se ha ido transformando en sociedad, para así poder analizar con perspectiva histórica el trato que se le da a la «cuestión ecológica» desde el ámbito científico y humanista.

El «protoecologismo» decimonónico  

Es principalmente a partir de la Revolución industrial que empiezan a surgir movimientos sociales y sindicales que evidencian el deterioro de la calidad de vida y del resto de la naturaleza. Aunque no se puede hablar de «movimiento ecologista» propiamente dicho, sí que encontramos en esta época los orígenes, la semilla, de movimientos ambientalistas y naturistas.

Así pues, durante los procesos de urbanización e industrialización característicos del inicio de la sociedad industrial ya podemos vislumbrar movimientos «protoecologistas» que denuncian algunos de los problemas que trae consigo la producción capitalista fabril.

Esta crítica, aunque marginal dentro de las corrientes productivistas tanto capitalistas como comunistas, sentarán en algunos casos las bases culturales de algunos movimientos que perduran a día de hoy y que son relevantes en el ecologismo moderno.

El higienismo obrero

La contaminación es una de las principales formas de degradación ambiental debida a la actividad humana. Existe desde que se formaron los primeros núcleos urbanos, pero es sobre todo en la Revolución Industrial cuando se incrementa de forma exponencial la presencia de contaminantes en el aire, suelo y agua.

Como respuesta a este fenómeno surge el higienismo, una corriente que busca establecer unas condiciones de salubridad en las ciudades para preservar la salud de sus habitantes. En consecuencia se empieza a demandar que se tapen ciénagas, se alejen las fábricas y cementerios de los centros urbanos y, en definitiva, que se eviten actividades perjudiciales en el entorno cercano de los centros habitados.

Como es natural, dicho movimiento surge con más fuerza en los barrios obreros, pues los trabajadores vivían hacinados en los centros fabriles mientras que las clases sociales más acomodadas lo hacían en zonas más alejadas, disfrutando de una calidad de vida infinitamente superior.

Aunque era un movimiento esencialmente obrero, no era exclusivo de dicha clase. Encontramos también a reformistas liberales, médicos humanistas y pequeños grupos de la burguesía que también demandaban mejoras en la calidad de la ciudad.

En una segunda ola también se demandan medidas de salubridad en los ámbitos privados, exigiendo la correcta reglamentación de parámetros como la ventilación de los hogares, el acceso al agua corriente, la instalación de baños e incluso haciendo recomendaciones sobre la limpieza periódica de las viviendas.

En consecuencia, los gobiernos van adoptando diferentes reglamentos encaminados a mejorar la vida de la clase trabajadora y a evitar posibles epidemias. Aunque la preocupación verdaderamente ecológica está ausente de estas protestas sí que se evidencia la cada vez más pronunciada diferencia entre el ambiente urbano y las zonas rurales o naturales.

El conservacionismo aristocrático

La necesidad de conservar espacios naturales nace principalmente por un movimiento romántico hacia «lo natural». Es un movimiento anti-industrial, que surge en el seno de la clase aristocrática y la clase alta de Estados Unidos y de Europa.

Aunque ya habían existido algunas reservas naturales, en especial para dedicarlas a la caza de la familia real y sus ejércitos, no es hasta el siglo XIX que se adopta de forma generalizada un sentimiento conservacionista.

En consecuencia, la preocupación por la expansión de las zonas industriales y de la privatización de zonas forestales da como respuesta el origen de los movimientos conservacionistas. Su plasmación práctica la vemos en muchas zonas de Europa y América donde se protegen áreas naturales para su conservación. Por ejemplo en la declaración del bosque de Fontainebleau como la primera reserva natural del mundo, por iniciativa de un grupo de pintores franceses.

En Estados Unidos se inaugura el primer Parque Nacional del mundo, el Parque Nacional de Yellowstone (Yellowstone National Park) en Marzo de 1872 y se crea el «Sierra Club», el primer grupo conservacionista de la historia.

Así pues, ciudadanos de clase media y de clase alta, muchos de ellos vinculados a grupos excursionistas mostraron su preocupación por la rápida pérdida de espacios naturales públicos y por la destrucción de zonas naturales e iniciaron un movimiento que cristalizó con la declaración de reservas naturales esparcidas por los cinco continentes.

Ejemplos hay muchos, sobretodo en Inglaterra pues es la cuna de la Revolución Industrial. Allí se fundó en 1889 «La Sociedad Real para la Protección de los Pájaros» (The Royal Society for the Protection of Birds: RSPB) que hoy cuenta con más de un millón de socios (en la imagen puede verse a «hombres-cartel» o «sandwich-men» como se conocen popularmente en inglés, portando carteles de la RSPB).

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