jueves, 7 de febrero de 2013

Futurama, ecologismo, posmodernismo, negacionismo...

¿Será la ciencia y la tecnología la solución a los problemas ambientales (provocados por la aplicación de las innovaciones tecno-científicas en la industria)? Una peculiar y simpática visión la encontramos en este capítulo de Futurama, una serie de animación ambientada en el año 3000 (Capítulo 4x8: Crímenes del sofocón):



Sin duda pueden establecerse muchos paralelismos con la actual política contra el cambio climático y, en definitiva, con el papel que la sociedad y los políticos reservan a la ciencia y la tecnología.

Uno de los grandes relatos de la Modernidad es precisamente la idea de progreso gracias al dominio de la ciencia y la técnica sobre la naturaleza.

Ante una crisis ecológica global hay posiciones que siguen defendiendo el dominio de la ciencia sobre la naturaleza (geoingeniería) e incluso la propia naturaleza humana (manipulación genética, transhumanismo…) mientras que otras posiciones se muestran escépticas ante lo que consideran una confianza excesiva en que la ciencia acabe encontrando la respuesta a los problemas actuales.

Ayer negacionistas, hoy tecno-entusiastas

En artículos anteriores (ver aquí) ya planteé que desde algunos sectores políticos y pseudocientíficos se negaba cualquier necesidad de tener que disminuir el nivel de consumo y de contaminación, pues el cambio climático es una invención de comunistas (y por ende anti-americanos) que estaban perpetrando una estafa contra Estados Unidos.

Para la posteridad queda la frase de la figura política mundial e intelectual de prestigio, el señor Mariano Rajoy: “Yo de este asunto sé poco, pero mi primo que es físico supongo que sabrá. Y el me dijo: 'He traído aquí a diez de los más importantes científicos del mundo y ninguno me ha garantizado el tiempo que iba a hacer mañana en Sevilla'. ¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?”.

Probablemente no llegue a la altura de su última intervención cuando aseguró, en relación al caso Bárcenas, que todo era “total y absolutamente falso salvo alguna cosa que es lo que han publicado los medios de comunicación". Pero en fin, esa es harina de otro costal.

Pues bien, a día de hoy, aquéllos que predicaban seguir como hasta ahora (el famoso business as usual) miran con mucho afecto a las megalómanas propuestas de la geoingeniería al tiempo que dicen: Bueno, cierto, parece que el cambio climático no es broma, pero el mercado (o el “papá” Estado) lo asimilará gracias a los avances tecno-científicos que seguro que habremos hecho para entonces.

Ecologismo y/o posmodernidad

Los grandes relatos de la Modernidad (marxista, cristiano, ilustrado y liberal) se desmoronan. Se pierde la fe en las utopías (la revolución del proletariado, el paraíso cristiano, un mundo ideal gobernado por la razón…) y en especial se pierde la fe en que la ciencia sea un saber absoluto y que el ser humano tenga una capacidad indefinida de manipular la naturaleza para sus propios fines.

La Modernidad ha albergado la idea de progreso tecnológico y científico. Pero la tecnología ha demostrado ser un arma de doble filo: productiva y destructiva. Ha traído contaminación, el agujero de la capa de ozono, destrucción de ecosistemas, extinción de especies… y el cambio climático.

La tecnociencia pone en jaque a la supervivencia humana, tanto directamente (por ejemplo la posibilidad de destruir a la humanidad con armas nucleares) como indirectamente (el cambio climático como subproducto del progreso científico y técnico).

La posmodernidad asume esa derrota y se muestra escéptica con el progreso y la idea del hombre como conquistador de la naturaleza. Aunque no todos los ecologistas son tecno-escépticos (ahí están los que predican por un capitalismo verde) sí que de forma mayoritaria se va conformando un movimiento ecologista contrario a los peligros de la ciencia y tecnología ambiental (transgénicos, nucleares…).

Y, ¿Al final quién gana?

Como siempre, la banca. En el capítulo de Futurama se muestra claramente la posición tecno-entusiasta, la cual va creando un problema cada vez mayor. Cada vez los bloques de hielo deben más grandes para compensar el aumento de la contaminación, hasta que al final es la misma tecnología contaminante la que aporta la solución: Desviar la Tierra de su órbita.

A esta paradoja nos enfrontamos. Si seguimos viviendo inmersos en este sistema económico productivista y contaminante deberemos esperar que los mismos que destruyen al planeta lo salven, quizás con grandes espejos (como se propone en Futurama y en la vida real) quizás, quien sabe, desviando la Tierra de su órbita.

Lo cierto es que como dijo George Bush padre “Nuestro estilo de vida no se negocia” así que toca rezar para que aparezca un profesor Farnsworth y nos saque de esta. Eso, o forzar a los diferentes “Bushes” del mundo a negociar el secuestro al que tienen sometido al planeta.










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