martes, 11 de septiembre de 2012

Nacionalismos versus Ecologismo


El 11 de Setiembre es un día especial en muchos países por diferentes razones. Hoy es el 39º aniversario de la muerte de Salvador Allende, el 11º aniversario de los atentados de Estados Unidos y, hoy es también, la diada Nacional de Catalunya. ¿Cómo puede relacionarse el nacionalismo con el ecologismo? ¿Es sencillamente incompatible?



Nacionalismos versus Ecologismo

¿Cuál debe ser el referente identitario de cualquier ciudadano, el medio ambiente o su nación? Difícil cuestión, ¿Somos ciudadanos del mundo o ciudadanos de un Estado (o nación sin Estado)?

Utopismos al margen, debemos ser conscientes de que los nacionalismos están a la orden del día y deben ser tenidos en cuenta en cualquier debate político-social actual.

El catedrático José Vives Rego apuntaba en su libro “Las políticas medioambientales del siglo XXI: ¿Suicidio ecológico o político?” lo siguiente:

“Los nacionalistas (en particular los integrantes de los nacionalismos excluyentes) consideran que los intereses de los individuos son menos importantes o menos dignos que los intereses de la nación […] Lo que necesitamos no es definir nuevas fronteras, sino todo lo contrario, abrir, ampliar y abolir fronteras. Promover la libre circulación de bienes, servicios y personas nos ayudará a darnos cuenta de que precisamente los problemas medioambientales no tienen fronteras.

Bien, es un poco controvertido este planteamiento pero es bueno crear un debate sobre los encuentros y los desencuentros entre los nacionalismos y las políticas que necesitan actuaciones globales (por ejemplo, la gestión del cambio climático).

Yo no estoy de acuerdo en el planteamiento del Dr. Vives Rego, pues obvia de forma alarmante el contexto socioeconómico en que vivimos. No se puede hablar de que la libre circulación de bienes, servicios y personas ayudará a resolver los problemas del mundo. Decir que el libre mercado y la globalización es la solución, no es solamente obviar la responsabilidad que tienen las relaciones de libre mercado en los problemas del mundo, sino abrir las puertas a seguir desregulando e internacionalizando los problemas ambientales futuros.

Sin caer en discursos nacionalistas, la solución no puede estar en seguir apostando por aquello que nos ha traído hasta aquí. En seguir apostando todo nuestro futuro al libre mercado, esto es hacer un “all in” al poker sabiendo que vas de farol.

En mi opinión, la solución es justamente la contraria, reforzar los mercados locales, penalizar las transacciones internacionales, la re-nacionalización de los sectores estratégicos (energía, agua, recursos naturales…), la defensa de las culturas propias de cada región (independientemente de su estatus legal) y la defensa a ultranza de los derechos sociales, laborales y democráticos de cada región.

Sí que coincido con el profesor Vives en que es necesario abolir las fronteras, pero no en el contexto actual, sino en un contexto de cooperación entre naciones. Debe apostarse por un internacionalismo que respete las diferencias culturales entre regiones.

En el contexto actual no puede desaparecer el Estado, pues estaríamos en una situación de total desamparo de los ciudadanos frente a los poderes económicos. Es necesario por lo tanto, cambiar antes el marco socio-económico en que nos encontramos.

Pero, entonces ¿Los separatismos son buenos o malos? Pues probablemente en el contexto actual, ni una cosa ni la otra. Todo dependerá del lado del que se mire. Crear una nueva nación no salvará ni condenará al mundo, pues las políticas ambientales no dependen ya de los Estados sino de los mercados, y estos ni entienden de medio ambiente ni de fronteras.

Ahora bien, de nacionalismos hay muchos. Es importante defender los derechos de cada pueblo para gestionar sus propios recursos y defender su soberanía y el sustento de las generaciones futuras.

El nacionalismo popular (también conocido cómo nacionalismo de izquierdas) es una forma de nacionalismo basada en la justicia social, la soberanía popular, la gestión de sus propios recursos y la autodeterminación política y económica. Un caso claro es el Nacionalismo Andaluz en España o de muchos movimientos indígenas en America Latina.

Yo me siento muy identificado con aquellos que defienden a la vez su soberanía y la solidaridad con el resto del planeta, creo que es el camino a seguir.




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