martes, 10 de julio de 2012

Las crisis reales del mundo (III):El fin de la era del petróleo barato


El descubrimiento de fuentes de energía asequibles ha permitido desde la revolución industrial multiplicar de forma exponencial la producción de bienes y servicios, posibilitando la conformación de sociedades basadas en el consumo. Pero, la era de los combustibles fósiles está llegando a su fin y la gran pregunta es: ¿Y ahora qué?


Crecer o morir, decrecer o suicidarse

Constantemente aparecen en los medios de comunicación los grandes líderes del mundo argumentando que se necesitan medidas para lograr volver a la senda del crecimiento, pues es el crecimiento el que genera bienestar social (disminución del paro, aumento de las rentas, aumento de los servicios sociales…).

Las medidas pueden ser muy variadas. Desde los sectores neoliberales de la política se esgrime cómo bandera la austeridad y los recortes cómo mecanismo para poder alcanzar el crecimiento económico. Por otro lado, tenemos a los sectores más keynesianos del espectro político que buscan estimular el gasto para volver a crecer.

El sistema socio-económico nos empuja al crecimiento para crear bienestar, pero hemos llegado a un punto en que ni es posible seguir creciendo ni ese crecimiento aporta bienestar a los ciudadanos. El sistema no ha sabido adaptarse de forma gradual a la creciente escasez de los materiales en el que basa su existencia y este hecho nos conduce a una crisis energética sin precedentes.



Lo cierto es que según los expertos, el porcentaje de personas que se declaran felices no ha aumentado a pesar del aumento del consumo, incluso algunos indican que si regresáramos a los niveles de consumo de los años 70-80 la gente sería más feliz, pues  nos quedaría más tiempo para disfrutar de las cosas no materiales (amigos, familia, naturaleza…) que son las que aportan felicidad a los ciudadanos.

En resumen, vivimos embarcados en un sistema que nos impulsa al consumismo para sustentar un crecimiento económico que no nos aporta felicidad, pero sin el cual no seríamos felices, pues si no crecemos económicamente el propio sistema crea desempleo, pobreza y por lo tanto infelicidad.

Es un problema estructural, pues el crecimiento económico se basa en fuentes de materiales y energía que cada vez son más escasos. De ahí la necesidad de apostar por un cambio social, político y económico que posibilite un decrecimiento controlado que genere a la vez felicidad para las sociedades, una conservación efectiva de los recursos naturales y la garantía de que las sociedades futuras podrán ser igualmente felices.

Peak Oil: El fin de la era de los combustibles fósiles

El actual modelo energético está basado en energías fósiles, que se forman durante millones de años pero que son consumidas a gran velocidad. Este hecho nos conduce de forma irremediable a su agotamiento.

En 1956, M.Hubbert pronosticó que Estados Unidos tendría su pico de producción alrededor de los años 70’, pero los gobernantes hicieron caso omiso a su teoría. El tiempo ha demostrado que tenía razón, Estados Unidos alcanzó su máximo de producción entre 1965 y 1970.

A nivel mundial, en 2010 la Agencia Internacional de la Energía (AIE) anunció que la producción de petróleo llegó a su pico máximo en 2006. Por lo tanto, hace seis años que hemos pasado la cima de la campana y ahora toca adaptarnos a una escasez cada vez mayor de la fuente de energía que había posibilitado la conformación de la sociedad industrial y postindustrial.

Hay diversos tipos de petróleo (convencional, pesado, situado en aguas profundas, en zonas polares…), pero no todos son igual de rentables al ser explotados. Tenemos que pensar en términos de cantidad pero también de calidad, a medida que explotamos reservas menos accesibles o de menos calidad disminuye la rentabilidad de la explotación.

Para obtener energía a partir del petróleo debemos invertir energía (extracción, tratamiento, refinamiento…), para comparar la rentabilidad de las diferentes fuentes energéticas suele utilizarse la tasa de retorno energético (TRE=Energía producida por la fuente/ Energía invertida para explotar la fuente).

En un inicio se explotaron las reservas de petróleo más rentables (con un TRE cercano a 100) pero con el agotamiento sucesivo de estas reservas, se ha apostado por explotar las que hasta entonces no eran rentables, reduciendo notablemente el margen de rentabilidad energética (el TRE actualmente se sitúa alrededor de las 8 unidades, aunque en algunas explotaciones cómo las arenas bituminosas no llega a 2 unidades).

Por lo tanto, la pregunta no es cuando se acabará el petróleo, sino hasta cuándo podremos asumir los costes del aumento de precio asociados a una oferta decreciente de petróleo formada además por un petróleo más caro de extraer.

La crisis del petróleo: The oil crash

Si no se toman medidas contundentes la sociedad colapsará, pues su fuente de energía principal aumentará de precio hasta unos límites que harán inviable su continuidad cómo motor del sistema económico.

Y entonces, echaremos de menos aquéllos tiempos en que disponíamos de una fuente de energía barata para despilfarrar y maldeciremos a nuestros gobernantes por no haber apostado por una “despetrolización” de nuestras economías.

Nos daremos cuenta que detrás del petróleo hay no sólo la gasolina del coche, sino todo un sistema de vida montado. Detrás del petróleo está “The American way of life”, el estilo de vida americano basado en el consumo y en uso de energía barata.

Ese estilo de vida fue el que, tras la caída del comunismo en el mundo, se impuso en todo el mundo (quizás con la excepción de Cuba) provocando un despilfarro masivo de recursos naturales.

Pues bien, The oil way of life se acaba y lo notaremos. Muchas actividades económicas o sociales que hoy realizamos deberán ser revisadas para poder encajar en una sociedad que deberá reducir su consumo energético.

La agricultura: El aumento de la producción agrícola experimentado en las últimas décadas es debido al consumo de petróleo y al uso de productos químicos energéticamente costos de producir (pesticidas, fertilizantes…). La industrialización de la agricultura ha permitido aumentar la productividad por trabajador y por lo tanto mucha mano de obra ha podido pasar a otros sectores económicos posibilitando el crecimiento de la producción.

Pero, el debate no debe ser que sistema agrícola es más productivo (si la agricultura moderna o la tradicional (o ecológica), sino cual es más eficiente desde un punto de vista energético. La agricultura moderna necesita muchos imputs para funcionar (maquinaria, carburante, pesticidas…) y muchos de ellos dependen de fuentes de energía fósil. Cómo algunos autores señalan, la agricultura moderna consiste en comer petróleo, así que, quizás pasaremos hambre en un futuro.

La soberanía y la seguridad alimentaria de muchos países dependerá de si son capaces de anticipar el golpe y realizar una conversión de sus sistemas agrícolas.

El modelo urbanístico: Hace unos meses escribí un artículo donde hablaba de la vulnerabilidad urbana frente a la crisis energética en el área metropolitana de Barcelona. Sin duda va a ser un tema de difícil solución, pues el actual entramado urbanístico obliga a hacer continuos desplazamientos (de casa al trabajo, a la escuela, a las zonas de ocio…).

La solución pasa por aumentar la autonomía de los barrios y ciudades, fomentar los puestos de trabajo cercanos y el comercio local. En el artículo anterior (Eurovegas, un caramelo para los malos gobernantes) destacaba que proyectos cómo este ponen en riesgo la posibilidad de consumir productos de proximidad. Hace falta una planificación urbanística que integre la futura escasez energética cómo punto clave en su organización y que apueste por los transportes públicos asequibles y de calidad para reducir la dependencia económica y social del transporte privado.

Consumo de materiales: Ante una escasez creciente de petróleo deberemos por un lado decidir en que invertirlo (en carburante o en la fabricación de plásticos) y por el otro buscar alternativas al masivo uso del petróleo en la fabricación de materiales.

A priori, parece que la solución más razonable es priorizar el uso de petróleo para fines materiales, pues estos duran años mientras que el carburante se consume de forma instantánea. Pero todo dependerá del escenario futuro en que nos encontremos.

Lo que si es cierto, es que deberemos revisar también nuestro consumo de materiales. No tan sólo debemos apostar por una desmaterialización de nuestras economías, sino que debemos apostar también por unos sistemas de reciclaje más efectivos. Aunque esto suponga cambiar algunos hábitos de los ciudadanos.

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