lunes, 18 de junio de 2012

Las crisis reales del mundo (II): El futuro genocidio climático

Sin duda, el mayor reto al que se ha enfrentado la humanidad en toda su historia. Es difícil pronosticar las consecuencias, pues el sistema climático es muy complejo y además las consecuencias dependen de cómo evolucionen las emisiones, pero una cosa es cierta: Es un escenario de riesgo a escala planetaria.

Hace unos meses escribí una serie de ocho artículos titulada “La respuesta de los gobiernos al cambio climático”, donde intenté evidenciar la falta de reacción política desde las primeras evidencias del problema hasta hoy.

A mi modo de ver, el cambio climático va a suponer una crisis humanitaria y económica a las siguientes generaciones. No quiero decir que nuestra generación no sufrirá las consecuencias, pero es probable que la próxima generación las sufra sin capacidad de reacción.

Es un grave problema este, pues las generaciones futuras no tienen capacidad de voto ahora, con lo cual se permite que impere el cortoplacismo a costa de vender un futuro que no nos pertenece.

Con el cambio climático vendrá sin duda una disminución de la producción pesquera, una disminución del rendimiento agrícola en muchas zonas del planeta, una disminución de un 20% del agua disponible, un aumento de la desertificación y un aumento de las plagas e invasiones de especies nocivas.

Estas consecuencias sumadas pueden suponer una disminución brutal de la producción de alimentos. Este factor, sumado a una disminución del acceso a fuentes de agua y la aparición de nuevas enfermedades (y la reaparición de otras cómo la malaria) traerá consigo el mayor genocidio de la historia de la humanidad.

Digo genocidio de forma totalmente intencionada, pues si los pronósticos se cumplen, no habremos actuado a sabiendas de que iba a morir mucha gente en un futuro. Habremos girado la vista, del mismo modo que la giraban aquéllos que no querían saber que estaba pasando en los campos de exterminio de la Alemania nazi.

Sé que suena muy duro esto que afirmo pero, si los pronósticos se cumplen, va a morir mucha más gente que con los holocaustos de Hitler y Stalin juntos.

Por primera vez en la historia, los refugiados ambientales superan a aquéllos que huyen de guerras. Alcanzarán los 150 millones en 2050 y eso que para entonces, las consecuencias más graves del cambio climático no habrán llegado.

Es un problema de praxis política, de cómo encajar el cortoplacismo político con la austeridad ecológica que impone el planeta. Debemos ser realistas, los gobernantes no proponen políticas ecológicas por dos razones:

La primera es que los poderes que tienen detrás no puede permitir un cambio de política hasta que hayan encontrado la fórmula para enriquecerse con el ecologismo (de ahí la aparición del capitalismo verde, del que hablé en algunos artículos: 1, 2 y 3).

La segunda es que, para ser sinceros, debemos admitir que el primer partido que empiece a hablar de decrecimiento, de políticas restrictivas de natalidad, de subir los impuestos a la gasolina, de restringir el consumo de algunos productos... va a perder las elecciones.

Sólo veo la posibilidad de hacer políticas ecologistas de verdad si estas vienen dictadas por organismos supranacionales sin colores partidistas (ONU, G20, UE…). Si las medidas dependen de los partidos que actualmente gobiernan dudo que se tomen a tiempo, pues les va a poder más la ambición política a corto plazo que la sostenibilidad ecológica.

En consecuencia, considero que el cambio político debe forzarse desde la propia sociedad. No puedo concebir un cambio político sin un cambio social previo. Por lo tanto, la responsabilidad del genocidio será en parte de todos y no será nada agradable tener que dar explicaciones a nuestros nietos.

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