jueves, 14 de junio de 2012

Las crisis reales del mundo (I): El hambre en el mundo

Desde hace unos años, pongamos el canal de televisión que pongamos se habla de crisis. Telenoticias, programas de televisión, de radio, periódicos, todos hablan de la crisis financiera, de la prima de riesgo, del no-rescate que sí lo es a España, de que la bolsa se hunde… en definitiva todos hablan de LA CRISIS. Pero, ¿y si ésta crisis (la que hoy todos escriben con mayúsculas) no fuese la más importante? ¿Qué pasaría si de aquí unos años nos diésemos cuenta de que hemos destinado cantidades ingentes de dinero a un problema que no es ni de lejos el más grave?

Es cierto que existe una crisis financiera, es una realidad innegable. Pero, ¿Es una crisis real o responde a una construcción artificiosa de las sociedades? Yo, que no soy experto en economía especulativa, no puedo dejar de pensar que realmente esta crisis es un artificio y que sólo tiene sentido en su contexto: El sistema capitalista, que impone un crecimiento sostenido de las economías mundiales.

Pero, imaginémonos por un suponer, que mañana se levantan todos los políticos, los mercados, los ricos y los muy muy ricos y dicen: La crisis financiera se ha acabado, perdonamos todas las deudas a todo el mundo y a vivir felices. ¿Se habrían acabado los problemas del mundo? ¡No! Realmente este es el problema, los árboles no nos dejan ver el bosque. O dicho de otra manera, la crisis menos real de todas no nos deja ver los problemas reales que sufre el planeta y aquéllos que sufriremos en un futuro.

Primera crisis del mundo: El hambre en el mundo

En el mundo hay cerca de mil millones de hambrientos en el mundo. Los había antes de la crisis financiera y los seguirá habiendo después. En el mundo se producen alimentos para 12.000 millones de personas, por lo tanto el problema no radica en la producción sino en la distribución.

He hablado en otros artículos de los responsables del hambre en el mundo, de sus causas, de sus consecuencias… pero no es este el debate de hoy, el problema es ¿Qué hacemos mañana para abordar este problema?

Las Naciones Unidas establecieron que se necesitaban 50.000 millones de dólares anuales para acabar con el hambre en el mundo. La respuesta fue muy clara y contundente: NO HAY DINERO.

Poco tiempo después los gobiernos recibieron otra llamada, se necesita dinero para salvar al sistema financiero. La respuesta fue igual de clara y de contundente: 4.6 billones de dólares. Suficientes para erradicar el hambre en el mundo.

Sin duda, aunque se dispusieran de los 4.6 billones, no se acabaría con el hambre de la noche a la mañana, pero el hambre es evitable y hace falta una hoja de ruta de obligado cumplimiento para todos los países del mundo.

Es ésta la peor crisis de todas, pues la civilización ha demostrado de forma reiterada que no solamente no es capaz de solucionarla, sino que es incapaz de luchar contra ella.

Cabe destacar, que la producción de alimentos ha aumentado más que el aumento demográfico, por lo tanto hay actualmente más alimentos per cápita que hace un siglo. El problema no es ese, al menos actualmente no lo es.

El primer nivel para erradicar el hambre es asegurar la soberanía alimentaria de todos los países y pueblos del mundo. Asegurar por lo tanto que todos los Estados del mundo puedan definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo con sus objetivos de desarrollo sostenible. Esto pasa necesariamente por que los campesinos sean dueños de sus tierras, la expulsión de las multinacionales occidentales de las tierras de los países tercermundistas y de proteger el comercio interior.

No es un proceso sencillo, pues confluyen diferentes debates políticos y económicos, pero lo cierto es que el proceso de globalización ha mermado la soberanía alimentaria de los países. El acaparamiento de tierras en el tercer mundo pone en grave peligro la subsistencia de millones de personas en el mundo.

Recientes estudios señalan que en los últimos años 50 millones de hectáreas de tierras cultivables en África han sido vendidas a empresas y gobiernos extranjeros.

Los gobiernos deben defender su soberanía para poder garantizar la seguridad alimentaria de sus ciudadanos ahora y en el futuro. La seguridad alimentaria es el acceso de las personas a los alimentos de forma sostenible y en suficiente cantidad.

Parece sencillo, pero para garantizarla debe gestionarse de forma correcta todos aquellos factores que pueden ocasionar escenarios de inseguridad alimentaria, entre ellos el impacto del cambio climático o de la subida del precio de la energía en los próximos años.

Sin duda dos de las crisis más importantes que viviremos este siglo serán la crisis ecológica y el fin de la era del petróleo.

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