Hoy se celebra el tan
ansiado “Marató contra la pobresa” con el objetivo de recaudar fondos para los
más necesitados. En el artículo anterior hice una crítica a la propia
organización del evento, en este pretendo hacer una reflexión más amplia de lo
que supone la beneficencia en el actual sistema económico.
Crítica
a la beneficiencia cómo arma contra la pobreza y la desigualdad social
"Si le doy de comer a los pobres, me dicen
que soy un santo. Pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan
mal, me dicen que soy un comunista." (Hélder Câmara)
Dicen que las comparaciones
son odiosas, pero en este caso es indispensable comparar, la distancia entre
ricos y pobres en España ha crecido de forma esperpéntica durante la crisis.
El aumento de la pobreza y
de la desigualdad comporta un riesgo de ruptura de la cohesión social en
especial en países que tienen un gasto social bajo. Pero, desde hace meses
estamos oyendo que el déficit económico español es culpa del elevado gasto
social, que debemos sacarnos de encima gran parte de este “lastre” para poder
crecer y ser cómo Alemania. Pero ¿Es cierto que tenemos un gasto social desorbitado?
A juzgar por los datos no,
pero eso no es lo importante, lo realmente importante es que este mensaje ya ha
calado en la sociedad. Se acepta cómo normal mensajes que en resumen dicen
cosas cómo “Vamos a recortarte tu bienestar para que quizás con el tiempo
puedas vivir mejor”.
Hace unos días leí esta noticia
“Sanidad
derivará a los inmigrantes sin papeles a ONG” creando por lo tanto una
sanidad de beneficencia. Aquí está la trampa, el gobierno privatiza derechos a
las clases más desfavorecidas a la espera de que la sociedad se solidarice y
mantenga la cohesión social.
¿Qué pasaría si los
ciudadanos no fuesen solidarios? Pues probablemente la situación social (y por
lo tanto la política) serían insostenibles. Incluso es probable que la sociedad
se empezase a cuestionar si el actual sistema es justo. Esta situación debe ser
evitada a toda costa por aquéllos que gobiernan y para conseguirlo hay
diferentes alternativas:
La
ocultación: Es una técnica demasiado habitual, no
solamente la ocultación por parte del gobierno sino también por parte de los
medios de comunicación de masas.
¿Cuántos desahucios salen en
los informativos? Sólo
en Catalunya hay unos 22 desahucios diarios, ¿Qué pasaría si los
informativos se hiciesen eco de esta realidad? Sería un caos, la sociedad no lo
permitiría. Es por eso que no se muestran, simplemente porque la sociedad pediría
cambios y los gobiernos se encontrarían entre la espada (la sociedad) y la
pared (los bancos).
¿Cuántos suicidios hay por
culpa de la crisis? Pues lamentablemente unos 10 al día. Lógicamente ninguno
sale por los medios de comunicación, excepto quizás aquellos
que son más televisivos. Se evita a toda costa que haya mártires de la
crisis, pues esto podría provocar una oleada de quejas por parte de la
sociedad.
En el artículo anterior ya
comenté el clamoroso caso de “La Caixa” la cuál envió amenazas a los medios de
comunicación (entre ellos Tv3, la televisión que emite “La Marató contra la
pobresa”) para que dejasen de emitir noticias sobre las protestas que se
llevaban a cabo delante de su sede en Barcelona por la estafa de las
participaciones preferentes (#occupymordor).
Cómo ya todos intuíamos, los
medios de comunicación públicos y privados no tienen como objetivo informar
sino vender información. Pero no toda, sino aquélla que pueda ser asimilada por
los ciudadanos sin que estos reclamen cambios.
Aquéllos que pensaban que la
censura había quedado en el pasado o relegada a “extraños países” cómo China,
Korea del Norte o Cuba están muy equivocados. Desde el caso de Wikileaks a La
Caixa, la censura política existe pues sin ella sería muy difícil perpetuar el
sistema.
Amnistía
Internacional ha denunciado a los Estados por la censura que ejercen sobre
Internet. "Los Estados están
atacando a los periodistas y activistas en línea porque saben que estas
valientes personas saben aprovechar eficazmente Internet para desafiarlos"
La
represión: Hoy en día, debido en gran parte por la
facilidad de información que otorga internet, las noticias llegan a los
ciudadanos por medios alternativos a los mass
media. Esto es un grave problema, porque provoca que haya núcleos de
población “demasiado informados”.
¿Cómo solucionar esto? Es
difícil. Primero hay que dejar claro que de momento la población que se informa
a través de internet es bastante baja aun y por lo tanto gran parte de la
población no pasa el primer filtro (el de la ocultación).
Aquéllos que últimamente hayan
ido a manifestaciones (sobre todo en Barcelona) habrán observado un incremento
notable de la presencia policial.
El aumento de la represión
sobre los movimientos sociales y sindicales es muy notorio, pues suponen un
foco de personas que no solamente están “demasiado informadas” sino que
pretenden informar al resto de la sociedad. Es necesario por lo tanto
reprimirlas.
Uno de los casos más claros
es el
cierre de Tele K, del Canal 33 y de SolidaridadTV que quiere llevar a cabo el
gobierno de Esperanza Aguirre. Estos medios que han logrado saltarse el
filtro de la ocultación deben ser silenciados lo más rápidamente posible.
Quien no conozca estos
canales, hay que destacar que emiten programas cómo La Tuerka (Tele K) que destacan por su visión crítica del sistema y por qué
dan voz a aquéllos que normalmente no tienen espacio en los medios
convencionales.
En la vía de la represión
también podemos enmarcar las numerosas detenciones preventivas que se llevaron
a cabo durante la visita del BCE en Barcelona.
El caso más clamoroso fue
sin duda la prisión
preventiva de 35 días impuesta a tres jóvenes estudiantes detenidos durante la
manifestación del 29 de Marzo. Pero hay otros cómo la detención del
periodista y activista por los derechos humanos Rachid Alí, el
cuál fue detenido de forma irregular por los Mossos de Esquadra un par de
semanas antes del 1 de Mayo y de la visita del BCE.
La
criminalización: De rabiosa actualidad, la criminalización de
los movimientos sociales está en la orden del día. El auge de los movimientos
sociales ha comportado la necesidad de criminalizarlos para eliminarlos de las
calles.
Aquéllos que deciden salir a
la calle a protestar deben ser tratados cómo delincuentes. Hace un mes el
gobierno informó que se
considerará la resistencia pasiva (estar sentado en una plaza) cómo un atentado
a la autoridad. Se trata, cómo dijo el propio ministro del interior de
Catalunya, de que la
gente tenga más miedo al sistema.
Por otro lado, desde algunos
medios de comunicación se ha estado criminalizando a los diferentes movimientos
sociales y sindicales. En esto La Razón se lleva la medalla de oro, bajo
titulares cómo “Los
malos estudiantes agitan la Educación” dónde se criminalizan a los líderes
de los movimientos sindicales universitarios o en “Los
antisistema pagarán sus ataques en la calle con al menos dos años de cárcel”
dónde se apunta a los movimientos políticos minoritarios.
Por lo tanto, La Marató debe
jugar a un doble juego: Sensibilizar sobre la pobreza pero sin hacer una
referencia a sus causas o a aquéllos que luchan activamente contra ella.
¿Es la pobreza inherente al
sistema? O más claramente ¿Es la pobreza estructuralmente necesaria en el
sistema capitalista? El capitalismo se basa en la desigualdad de oportunidades
y en consecuencia es el provocador de las desigualdades sociales.
El sistema no da para más,
aumenta la diferencia entre ricos y pobres y aumenta el número de pobres por
una sencilla razón: Sobra gente. Cada vez, debido al desarrollo tecnológico, se
necesitan menos trabajadores y por lo tanto se excluye a una mayor parte de la
población mientras una minoría acumula cada vez más riqueza.
Es un problema de sistema.
Eliminar la pobreza supondría eliminar la base del sistema capitalista. La beneficencia
surge cómo un bálsamo que no pretende eliminar el problema, sino limpiar las
conciencias de aquéllos que viven a costa de las necesidades de muchos otros.
La respuesta para salir de
la crisis no puede ser pedir a la clase media que se solidarice, sino que debe
ser una solución estructural. Pero esta solución es realmente difícil, pues
debe pasar los diferentes filtros que impone el sistema.
Probablemente sólo queda
recurrir a la última vía, el cambio político. Grecia es un claro ejemplo, ¿Será
el nuevo gobierno de izquierdas un motor de cambio? Si así sucede ¿Debemos
esperar un golpe de estado de aquéllos que no quieren cambiar? Es probable.
Los gobernantes nos están
llevando a unos niveles de inestabilidad social muy peligrosos. La Marató y el
aumento de la represión están intentando pacificar la situación, pero todo
dependerá de la durada y de la intensidad de esta crisis.
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