domingo, 29 de abril de 2012

Río+20 (II): El capitalismo verde (parte 3)

En los dos artículos anteriores expuse en que consiste la filosofía del capitalismo verde y quién está detrás de esta iniciativa. Pero ¿Qué medidas concretas proponen para mercantilizar los ecosistemas?


Desde hace años, en diversos encuentros internacionales (G-8, Foro Mundial del Agua, COP…) se debaten los diferentes programas del capitalismo verde. Se trata en general de mecanismos para que los países más ricos puedan cumplir sus objetivos de reducción de emisiones invirtiendo en proyectos en países en desarrollo. Estos proyectos tienen como finalidad reducir las emisiones en los países destinatarios o evitar emisiones provenientes de la deforestación.

Por lo tanto, las empresas y países desarrollados pueden seguir con su nivel actual de emisiones financiando proyectos de muy bajo coste en países subdesarrollados. Hay diferentes mecanismos y programas que permiten estas inversiones, sin duda surgirán nuevas propuestas, pero las más relevantes a día de hoy son las siguientes:

El programa REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación evitada en los bosques): Es una de las iniciativas más conocidas, fue acordada en la Cumbre de Bali en 2007 promovida principalmente por el Banco Mundial.

Se calcula que aproximadamente un 20% del total de emisiones de efecto invernadero son producidas por la tala de los bosques. El objetivo del programa REDD es combatir la deforestación, establecer programas de gestión forestal sostenible y valorar económicamente los servicios ambientales.

Los bosques pasarán a tener un precio por la cantidad de toneladas de carbono que son capaces de absorber. Esta capacidad será medida en bonos de CO2 que serán vendidos y comprados cómo una mercancía cualquiera.

Pero esto entraña un problema: ¿De quién son los bosques? Para asegurar la propiedad de los bonos comprados, se deberán establecer una serie de restricciones en los bosques y las selvas, lo que sin duda provocará conflictos con los pueblos indígenas.

El Foro Internacional de los Pueblos Indígenas sobre Cambio Climático ha declarado que “REDD no beneficiará a los Pueblos Indígenas sino que, de hecho, provocará más violaciones de los Derechos de los Pueblos Indígenas. […] nos robará nuestra tierra, provocará desplazamientos forzados, impedirá el acceso y pondrá en riesgo las prácticas agrícolas indígenas, destruirá la diversidad biológica y la diversidad cultural y provocará conflictos sociales. En el marco de REDD, los Estados y los comerciantes de carbono tendrán mayor control sobre nuestros bosques

Se ha estimado que las empresas que inviertan en estos proyectos pueden llegar a ganar mucho dinero en el mercado de carbono donde se especula con los bonos. Se estima que 100 mil hectáreas de bosque pueden llegar a generar una ganancia de 750 millones de dólares en 30 años.

Lo paradójico de este sistema es que son las mismas empresas que hoy se lucran a costa de contaminar el planeta las que mañana podrán obtener astronómicas ganancias con estos métodos.

El proyecto LEEB (La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad): Conocido mundialmente cómo TEEB (por sus siglas en inglés The Economics of Ecosystems and Biodiversity) es un estudio emprendido en 2007 por los ministros de Medio Ambiente del G-8 (más otros cinco países invitados) centrado en el beneficio económico de la biodiversidad y los costes que puede conllevar su disminución.

El planteamiento del TEEB va más allá del REDD, pues no sólo valora los servicios de captación de CO2 de los ecosistemas sino que incluye una serie de servicios a valorar: Valor ecológico, Valor cultural y social y Valor comercial.

Una vez valorados estos servicios, se simplifica su valor a un solo tipo de medida: el Valor monetario. Por lo tanto se pone precio a la biosfera pues se considera que el único modo de avanzar en la protección natural rápidamente y con eficacia es integrar el patrimonio natural en el mercado económico.

De esto ya hablamos en el artículo anterior hablando de cómo la mercantilización de las manadas de elefantes había permitido su conservación y lanzaba las siguientes preguntas:

¿Debemos confiar en este nuevo capitalismo ecológico? ¿Porque el neoliberalismo actual sigue generando pobreza y daños ambientales? ¿Funcionará un sistema que busca el crecimiento y la sostenibilidad al mismo tiempo? ¿Debemos seguir dando poder a aquéllos que nos han conducido a ésta situación?

Son difíciles de contestar, pero debemos tener en cuenta que lo primero que hace falta para restaurar los ecosistemas es voluntad para hacerlo. La propia Vandana Shiva afirmó que “Si para sobrevivir hay que conservar el mundo, primero se debe restaurar la capacidad humana de conservación”. Pero la voluntad humana de conservar el mundo nunca se restaurará bajo un marco de mercantilización de la naturaleza, pues el objetivo principal (y por lo tanto el estímulo para hacerlo) será el beneficio económico.

El programa EEM (Evaluación de los Ecosistemas del Milenio): Impulsado desde 2001 por la ONU, tiene cómo objetivo calcular el valor de los ecosistemas del planeta según cuatro tipos de servicios ambientales (los proporcionados por el suelo, el subsuelo, los yacimientos de recursos y los recursos marinos).

Proyectos de Geoingeniería: Uno de los aspectos claves en la lucha contra el cambio climático va a ser la tecnología. Ya he hablado de estos proyectos en la serie de artículos titulada “Manipulado el Planeta en busca de la solución”. A modo de síntesis, los proyectos propuestos hasta hoy van en dos direcciones:

Disminuir la concentración de CO2 atmosférico:

Disminuir la radiación solar incidente:

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