sábado, 24 de marzo de 2012

Río+20 (II): El capitalismo verde (parte 1)

La salvación del medio ambiente está siendo el más brillante negocio de las mismas empresas que lo aniquilan”. Esta frase pronunciada por Eduardo Galeano resume en esencia lo que es el capitalismo verde. El cambio climático es una de las expresiones más evidentes de que el sistema capitalista es insostenible pero la pregunta es ¿Es posible crear un capitalismo sostenible?

El capitalismo verde (o economía verde)

Algunos llaman a esta nueva disciplina económica “Economía Verde”, pero puede resultar erróneo, pues no deja de ser una campaña de marketing lanzado desde el sector neoliberal de la economía.

Mientras algunos países (sobre todo los países en vías de desarrollo) demandan leyes que garanticen la reducción de las emisiones y el acceso equitativo a los recursos naturales los neoliberales demandan la desregulación (o sea, la eliminación de leyes) para garantizar el acceso de las corporaciones a los recursos.

Son visiones totalmente contrapuestas, pero que son respaldadas por fuerzas totalmente desproporcionadas. Los grandes países occidentales y el propio PNUMA apuestan por el capitalismo verde cómo la solución a los problemas ambientales y sociales que vivimos.

El propio ministro español de medio ambiente, Arias Cañete, declaró que reformaría la ley de costas para hacerla “compatible con el crecimiento económico, la generación de empleo y la contribución a la crisis”.

Pero, ¿En que se basa el capitalismo verde? Sencillamente en buscar la rentabilidad económica en la conservación de los ecosistemas. Para que sea rentable conservar un ecosistema, deben pagarse a su propietario por los servicios ambientales que presta (captación de CO2, purificación de agua y aire…). Por lo tanto, en el contexto del cambio climático, se pasarían a valorar los ecosistemas según su capacidad de capturar CO2.

La reflexión es sencilla, el Estado ha fracasado en la protección de los ecosistemas. Los bienes de dominio público están mal gestionados y deben ser sometidos a las leyes del libre mercado para asegurarse su conservación.

Al establecer la propiedad privada sobre los ecosistemas (bosques, agua, atmosfera, océanos…) y establezcamos pagos por los servicios ambientales, las corporaciones privadas se verán inducidas a invertir en la conservación del medio ambiente y a su mejora.

Un ejemplo del razonamiento liberal: ¿Por qué no se extinguen las gallinas?

La solución es sencilla, nos se extinguen porque son de propiedad privada. El titular de los bienes se preocupa por su mantenimiento. Los bienes públicos no se conservan con tanto interés cómo los privados (es lo que se conoce cómo la tragedia de los bienes comunales).

Otro caso que se suele poner cómo ejemplo es la conservación de los elefantes africanos. Para protegerlos se han optado por dos estrategias:

- Algunos países (Sudáfrica, Kenya, Tanzania…) han adoptado medidas proteccionistas convencionales declarando que los elefantes son un bien de dominio público y prohibiendo su caza. En esos países, los elefantes siguen en peligro de extinción.

- En Zimbabue en cambio, se han vendido las manadas de elefantes a los cazadores, comerciantes de marfil, conservacionistas…El resultado ha sido magnífico, incluso empiezan a haber demasiados elefantes.  

El dueño de los elefantes se encarga de que no se extingan, pues sus beneficios dependen de él. Las teorías liberales se cumplen, al perseguir cada uno su interés personal se contribuye al interés colectivo.


Pero, ¿Debemos confiar en este nuevo capitalismo ecológico? ¿Porque el neoliberalismo actual sigue generando pobreza y daños ambientales? ¿Funcionará un sistema que busca el crecimiento y la sostenibilidad al mismo tiempo? ¿Debemos seguir dando poder a aquéllos que nos han conducido a ésta situación?

1 comentario:

  1. He estado echando un vistazo por tu página y me parece una gran obra. Gran trabajo al dar noticias y plantear reflexiones.

    Enhorabuena por un trabajo bien hecho.

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