domingo, 11 de marzo de 2012

La respuesta de los gobiernos al cambio climático (VIII): A día de hoy, la lucha contra el cambio climático sigue siendo un fracaso

Copenhague fue la confirmación de que había intereses contrapuestos a la voluntad de solucionar el cambio climático. ¿Qué pasó en Copenhague? Hubo varias conclusiones de esa conferencia, las cuales aun dominan el la conciencia colectiva actual.

La primera sin duda es el poder que ejercen los diferentes lobbys empresariales y la subordinación de los Estados a dichos poderes fácticos.

También se puso de manifiesto la incapacidad de la ONU para elaborar reglas de obligado cumplimiento para los Estados. Para que las conferencias de las Naciones Unidas tuviesen éxito era necesario que todo estuviese escrito de antemano, la finalidad de la cumbre es sólo ratificar

Este procedimiento dificulta mucho llegar a acuerdos importantes, ya que deben ser ratificados por 190 países, cada uno con sus intereses y con sus problemas derivados del cambio climático.

Por ejemplo, es muy difícil que países cómo Estados Unidos compartan intereses con otros cómo Holanda, que corre un grave peligro de inundación. Es necesario buscar un procedimiento más ágil y también plantear la posibilidad de que los países con más voluntad puedan llegar a acuerdos entre ellos sin necesidad de que sean los 190 países los que los aprueben por unanimidad.

Europa, Estados Unidos, China y quizás también Rusia, Brasil y la India deben sentarse y acordar una hoja de ruta tanto en las reducciones cómo en la gestión económica de los efectos de la crisis climática.

Otro aspecto clave de la cumbre fue la instauración del dominio de China y Estados Unidos (llamado por algunos el G-2) que están llamados a monopolizar los acuerdos y los desacuerdos de las próximas cumbres climáticas.

Por último, cabe destacar la contradicción de la Unión Europea, que exigía a los otros países un acuerdo vinculante, pero que no había cumplido ni de lejos los acuerdos firmados en Kyoto.

2010-2011: De Cancún a Durban

Con esta sensación de incapacidad y de fracaso se llegó a la cumbre de Cancún (México 2010), la llamada COP16 (o COP16/MOP6). Aportó una luz de esperanza después de tantos años de fracasos continuados.

Se marcó cómo objetivo de todos los Estados del mundo no sobrepasar un aumento de 2ºC. Por otro lado, también se estableció el objetivo de reducir las emisiones de los países industrializados entre el 25 y el 40% para 2020 (respecto las de 1990).

Se estableció Fondo Verde de 100.000 millones de dólares anuales para financiar a los países en vías de desarrollo a partir de 2020.

También se aprobaron las reglas del programa REDD+ para financiar adecuadamente los programas de reducción de la deforestación y protección de los bosques.

Se mantiene la puerta abierta a la creación de un mercado internacional de derechos de emisión y también a la implantación de técnicas de captura y secuestro de carbono, con las cuales se podrían cubrir entre el 10 y el 50% de los esfuerzos de mitigación del cambio climático. En la cumbre se avanzó en el reconocimiento de estas tecnologías cómo mecanismos de desarrollo limpio (MDL).

Cancún fue un paso adelante, aunque el tiempo apremia mucho y la velocidad de los acuerdos sigue siendo muy lenta.

La última cumbre realizada a día de hoy es la COP17/MOP7, celebrada en Durban (Sudáfrica). Parece imposible encadenar dos cumbres seguidas con éxito y esta vez no hubo excepción.

Los países bloqueadores (liderados por Estados Unidos, China e India) tuvieron éxito a la hora de establecer una cláusula necesaria para evitar que el próximo acuerdo no sea vinculante.

Se decidió que el protocolo de Kyoto se extendería más allá del 2013, aun si la aceptación de Japón y Rusia que se han desvinculado de este segundo período. Canadá ha ido más lejos y se ha desvinculado del primer período del protocolo para evitar las sanciones por incumplimiento.

Fue una cumbre de acuerdo mínimos, donde quedó muy clara la presión ejercida por algunas empresas privadas para evitar acuerdos. Cómo destacó Greenpeace en un artículo titulado “Doce corporaciones sucias sabotean la cumbre de Durban”.

Según palabras de Kumi Naidoo, director ejecutivo de Greenpeace Internacional “Reunidas a la sombra de las negociaciones de la ONU sobre cambio climático, esta docena de empresas sucias deberían avergonzarse de su papel al socavar las conversaciones globales para combatir la crisis climática global, para salvar vidas, economías y hábitats. Buscar a corto plazo el beneficio privado antes de protección pública es moralmente repugnante […] Nuestros líderes políticos necesitan cerrar la puerta a las corporaciones sucias, que podrían celebrar el fracaso la cumbre de Durban; ellos deben escuchar al pueblo y no a los contaminadores. Nuestros hijos y sus hijos no se merecen esto".

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