jueves, 23 de febrero de 2012

Manipulando el planeta en busca de la solución (IV): Blanquear las nubes con sales marinas

Hay diversas propuestas sobre la mesa para reducir la radiación solar que incide sobre la tierra. En el anterior artículo hablamos de la propuesta de ensombrecer el planeta con dióxido de azufre. La propuesta de hoy es, al menos a priori, mucho menos impactante, blanquear las nubes con sal marina para aumentar su capacidad de reflejar la luz solar.


Barco Flettner (diseñados por el ingeniero Anton Flettner)
pulverizando agua de mar mediante cilindros rotatorios
En principio parece relativamente sencillo, construir 1.500 barcos que de forma automática surquen los mares y océanos pulverizando micro-gotas de agua salada. El agua se evapora y las sales se cristalizan, una vez llegan los cristales a las nubes, el agua se condensa a su alrededor formando diminutas gotas que reflejan la luz solar.

Lo bueno de la idea es que los barcos no necesitan tripulación y funcionan con energía eólica, por lo tanto sería un sistema relativamente sostenible.

Se ha estimado, que duplicando el número de gotas en todas las nubes sobre los mares bastaría para compensar el incremento de CO2. De momento, el proyecto está en fase experimental, pero quizás en un  tiempo veamos cómo se autorizan las primeras pruebas.

Aunque el proyecto puede resultar tentador, hay que tener en cuenta que no soluciona el problema del cambio climático, soluciona sólo el aumento de temperatura.

El proyecto no soluciona la acidificación de los océanos y además, una vez empezado, implica que las siguientes generaciones deben continuar con el proyecto hasta que se logre reducir la concentración de gases invernadero de la atmósfera.

Es complicado decidir cuando ha llegado el momento de aplicar estas técnicas, pero hay que tener en cuenta que la única estrategia valida a largo plazo es reducir las emisiones, lo demás son solamente parches.

Otro problema de este sistema es que se podrían ver alteradas las corrientes marinas y los patrones globales de precipitación. El clima es extremadamente complejo y por lo tanto, los cambios que provoquemos pueden traer consecuencias imprevistas.

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