domingo, 12 de febrero de 2012

Manipulando el planeta en busca de la solución (III): Ensombrecer la Tierra con dióxido de azufre

Para paliar los efectos del cambio climático existen dos tipos de métodos, los basados en secuestrar CO2 y los que tienen cómo objetivo reducir la radiación solar incidente. Del primer caso ya hablamos en el segundo artículo de la serie, titulado “Fertilizar los océanos con hierro” y también en otro artículo anterior titulado “Sistemas para secuestrar CO2: Árboles artificiales”. Más adelante seguiremos hablando de estos métodos, pero el artículo de hoy hace referencia a un método para reducir la radiación solar incidente.

La Tierra se calienta de dos formas. La primera es por la radiación solar que incide sobre la superficie terrestre y la segunda es porque los gases de efecto invernadero retienen parte de la radiación de la Tierra. 

Balance energético de la Tierra (NCAR, 2008)
Por lo tanto tenemos una radiación solar entrante que es absorbida por la Tierra, la cual emite radiación infrarroja al espacio. La mayor parte de esta radiación es atrapada por la atmosfera y retornada de nuevo a la superficie. Este fenómeno es el que se conoce cómo efecto invernadero.

En conclusión, se puede reducir la temperatura del planeta reduciendo la concentración de gases de efecto invernadero o reduciendo el total de energía solar incidente.

Pero, ¿Es posible modificar la radiación solar que incide en el planeta? Algunos experimentos muestran que es posible, pero es necesario tener muy en cuenta sus consecuencias.

Ensombrecer la Tierra con dióxido de azufre

A priori puede parecer descabellada, pero esta idea ronda desde hace bastante tiempo por la cabeza de algunos científicos y sobre todo de algunos sectores económicos y políticos que se niegan a reducir las emisiones.

El funcionamiento es sencillo. Está demostrado científicamente que las erupciones volcánicas crean nubes de azufre que provocan la disminución de la temperatura, por lo tanto, creando erupciones artificiales se solucionaría el problema del calentamiento global.

Esto es debido a que en la atmósfera el dióxido de azufre se convierte en ácido sulfúrico, el cual al unirse al agua forma finas partículas que dispersan la luz solar.

¿Por qué atraen tanto estas soluciones? Simplemente por su bajo coste y por que posibilitan no tener que cambiar de sistema productivo, lo que tranquiliza a los sectores petroleros, automovilísticos y energéticos de todo el mundo, en especial de Estados Unidos. 

El diario “The Guardian” ya se hacía eco en 2010 de la buena acogida que ha tenido la geoingeniería en los sectores conservadores. La tentación es grande, pero hay que analizar primero las consecuencias que implica este método.

Consecuencias 

Debemos tener una cosa muy clara, no comprendemos perfectamente el sistema climático, por lo tanto las actuaciones en este ámbito están sometidas al riesgo de desequilibrar el sistema.

El primer factor a tener en cuenta es que la radiación solar controla el ciclo hidrológico. Es la responsable de la evaporación del agua y por lo tanto reducirla implica cómo consecuencia un clima menos lluvioso.

Pero es un problema complejo, la modificación del clima nunca beneficiará a todos los países por igual. De hecho, en las diferentes simulaciones realizadas se observa que mientras en unos países disminuye la temperatura y aumenta la humedad, en otros se extrema la falta de lluvia.

Hay que hacerse la siguiente pregunta ¿Quién controlará la máquina climática? Es importante entender que en un posible escenario futuro de disminución de las cosechas, desertificación y otros desastres climáticos, la tentación de modificar el clima para beneficio propio es muy grande.

No sería de extrañar que se produjeran conflictos socio-políticos por el afán del beneficio propio.

Por otro lado, no hay que olvidar que el cambio climático provoca otra serie de problemas a parte del aumento de temperatura. Uno de ellos es la acidificación de los océanos. El CO2 se disuelve en agua y forma ácido carbónico (H2CO3) que provoca una disminución del pH. 

Se estima que desde 1751 hasta el año 1994, el pH ha disminuido desde 8,179 hasta 8,104 y los modelos predicen que en 2100 el pH será de 7,824  (James C. Orr et al. 2005).

Este pequeño cambio, tendrá consecuencias muy importantes en los ecosistemas marinos, sobre todo para aquellos animales que utilizan carbonatos para elaborar sus esqueletos.

Utilizando sistemas que disminuyan la radiación incidente, pero no el CO2 atmosférico no se evitaría la acidificación de los océanos.

Además, el dióxido sulfúrico destruye en ozono atmosférico, lo que incrementaría el paso de radiación ultravioleta, que es cancerígena. 

Por último, el cielo dejaría de ser azul, lo cual sin duda sería un gran impacto para los seres vivos del planeta. Viviríamos constantemente (porque se debería bombear de forma regular) bajo una nube volcánica.

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