martes, 7 de febrero de 2012

Manipulando el planeta en busca de la solución (II): Fertilizar los océanos con hierro

El océano es en general un gran desierto. Aun así, debido a su gran extensión captan alrededor de un tercio de las emisiones de CO2 antropogénicas. Por su gran extensión y su potencial de captura muchos han puesto su ojo en él cómo la solución al exceso de dióxido de carbono en la atmosfera. 

Antes de entrar en materia, explicaremos un poco cómo son nuestros océanos.

Los océanos

Los colores cálidos representan las zonas con mayor productividad, cómo se observa, se concentran en las zonas costeras y algunos afloramientos.

La producción de la materia vegetal en el mar depende de la luz y del CO2, los cuales no suelen ser limitantes en las capas altas. Pero también depende de la disponibilidad de nutrientes, que suelen resultar muy limitantes.

Debido al gran volumen de agua, los nutrientes incorporados quedan diluidos a muy baja concentración. Por lo tanto excepto en las desembocaduras de los ríos o en zonas de afloramientos, tendremos una limitación de la productividad por nutrientes.

Pero, las zonas de afloramiento de nutrientes ocupan sólo un 0,1% de la superficie oceánica, siendo el resto un gran desierto. En las zonas de afloramiento tenemos una producción de 480 gC/m2·año muy superior que la del resto del océano  (para hacernos una idea, los bosques boreales tienen una productividad de 450 gC/m2·año aproximadamente).

A banda de los océanos, tenemos dos zonas diferenciadas, las de convergencia y las de divergencia. En las zonas de convergencia tenemos un hundimiento de las masas de agua superficiales, lo que da cómo resultado productividades muy bajas (menores a 60 gC/m2·año, equivalente a la producción de un desierto que ronda los 80 g C/m2·año).

Por otro lado, en las zonas de divergencia tenemos ascensos de aguas profundas, que al tener más nutrientes permiten una mayor productividad (entre 180-240 gC/m2·año).

Fertilizar los océanos con hierro
Cómo se observa, las zonas ricas en nitrato no siempre corresponden a las zonas ricas en productividad,
 por lo tanto debe haber otros factores que intervienen
Se ha observado, que hay zonas de divergencia muy poco productivas, conocidas cómo zonas HNLC (del inglés High Nitrate Low Chlorophyll) que suponen el 20% de la superficie total de los océanos. Los estudios han demostrado que son zonas con nutrientes, pero sin clorofila (y por lo tanto sin captación de CO2, pues la clorofila es responsable de la fotosíntesis). Esta falta de producción primaria es debida a la falta de hierro, de ahí que algunos científicos apuesten por la fertilización de esas zonas.

Es una iniciativa que ya tiene muchos años, a mitad de la década de los ochenta John Martin formuló la hipótesis de la falta de hierro cómo responsable del bajo crecimiento del fitoplancton, de hecho suya es la siguiente cita:

Denme un barco cargado de hierro y provocaré una era glacial” (1990)

Pero, ¿Qué consecuencias tiene la fertilización? Los resultados muestran que provoca un crecimiento espectacular de las algas, pero no está todavía claro cuál es la cantidad real de CO2 que retienen, pues cuando las algas mueren sólo una parte del carbono queda sepultado en el fondo del mar (entre un 1% y un 15%).

Pero fertilizar tiene una serie de consecuencias negativas que hay que tener en cuenta.

¿Qué pasará al fertilizar? ¿Se estimulará la captación de CO2
o se eutrofizarán los ecosistemas marinos?
La fotosíntesis se realiza en las aguas superficiales (porque es donde hay luz), al fertilizar aumentamos la biomasa de materia vegetal, que al morir desciende y es descompuesta. En el proceso de descomposición se consume oxígeno y por lo tanto un exceso de descomposición crea zonas anóxicas, la cual cosa es mortal para las otras comunidades animales. Entre las cuales habría que destacar los peces, pues crearía conflictos con el sector pesquero y con la alimentación de muchas zonas.

Además, el exceso de fitoplancton puede quitar nutrientes a las zonas vecinas, disminuyendo allí la productividad (la cual cosa también podría provocar conflictos de intereses entre zonas).
La última consecuencia es que se intensifica la acidez de las aguas más profundas, pues aumenta la concentración de CO2 (al descomponer la materia orgánica se respira, por lo tanto se consume oxígeno y se libera dióxido de carbono).

Por lo tanto, a cambio de aumentar la captación de CO2, modificamos la estructura de los ecosistemas marinos. Esto tiene consecuencias a nivel ambiental y socio-político que hay que sopesar muy a conciencia antes de tomar decisiones.

De momento, para evitar el descontrol de estas prácticas, dos tratados internacionales (el Convenio de Londres y la Convención sobre la Diversidad Biológica) pidieron en 2008 más investigación sobre los procesos implicados. Se teme que sea peor el remedio que la enfermedad, por eso se insta a los científicos a seguir investigando los efectos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario