domingo, 5 de febrero de 2012

Manipulando el planeta en busca de la solución (I): Introducción a la geoingenería

El calentamiento global es el mayor reto al que se ha enfrentado nunca la civilización. Pero es también el mayor desastre que ha creado y ante este “fallo del mercado” muchos son los que ven a la tecnología cómo la gran salvadora de la humanidad. Esta nueva serie de artículos es un repaso a los grandes experimentos de ingeniería climática que hay planteados hoy en día.
Hace unos días, en la revista GEO, Klaus Bachman publicó un artículo muy interesante y completo al respecto de la geoingeniería o ingeniería climática (del inglés clima-engineering). Países cómo Estados Unidos han ido cambiando un discurso basado en el escepticismo del cambio climático por otro mucho más “responsable”: La geoingeniería frenará el cambio climático.

Pero, ¿Es la geoingeniería la solución que nos permitirá mantener nuestro tren de consumo sin devastar al planeta? ¿Qué consecuencias puede depararnos la manipulación del clima? ¿Entendemos suficientemente su funcionamiento cómo para cambiarlo sin provocar consecuencias que hoy en día desconocemos? Y sobre todo ¿Es éticamente correcto?

Solucionar estos interrogantes es imprescindible para tomar una decisión conjunta a nivel mundial. Los modelos predicen que una manipulación del clima reportará beneficios para algunas zonas (menos temperatura y más lluvia) pero deparará problemas en otras (aridez, desertificación, pérdida de rendimiento agrícola…). Por lo tanto, ¿Debemos estar prevenidos ante los posibles conflictos geopolíticos que puedan desencadenar estas acciones? ¿Debemos temer que países cómo Estados Unidos tomen decisiones que perjudiquen a terceros?

Cómo ya pasó con otros descubrimientos cómo la energía nuclear o la manipulación genética, la ciencia nos abre nuevos escenarios en que se plantean dilemas de difícil solución. La ciencia debe avanzar al mismo ritmo que la ética, el altruismo, la solidaridad, la igualdad y la justicia, pues sino corre el riesgo de encabezar un elitismo científico y tecnológico que la convierta en algo perverso, injusto y egoísta.

Ya lo dijo Pablo Serrano, "Ciencia y humanismo han de ser un abrazo y no un muro que separa razón y sentimiento”.

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