martes, 3 de enero de 2012

La responsabilidad de los países frente al cambio climático y la dificultad de gravarla

Hoy, en el diario británico The Guardian ha sido publicado el siguiente artículo “Which nations arereally responsible for climate change? (¿Qué países son realmente responsables del cambio climático?). La noticia iba acompañada de un mapa interactivo, del cual he seleccionado tres imágenes para este artículo.

Emisiones históricas de CO2


Cuando buscamos responsables del cambio climático, debemos aplicar el principio de responsabilidad compartida pero diferenciada. Es decir, no podemos obviar que es responsabilidad de todos, pero que no todos han participado de la misma forma en el problema. Por lo tanto, habrá países que deban invertir más recursos para solucionarlo (si es que tiene solución).

Pero, ¿La responsabilidad es de los países o de las personas? Difícil pregunta, las sociedades marcan un ritmo de vida, un sistema de producción dirigido por los gobiernos e incluso exportan parte de sus emisiones relegando la fabricación de productos más contaminantes a otros países.

Es difícil atribuir las emisiones actuales de países como China o India al consumo interno de sus habitantes, pues obviaríamos que son economías netamente exportadoras que sirven cómo filiales subcontratados de los países más desarrollados (a costa claro de sueldos más bajos, condiciones sociales privadoras de libertad y legislaciones ambientales muy poco restrictivas. En definitiva, a costa de la salud de sus habitantes y de su medio ambiente).

Emisiones históricas de CO2 per cápita



¿Tendríamos que diseñar un impuesto que gravase a los ciudadanos o destinar una parte del PIB de los países? ¿Gravamos el consumo o la renta? ¿No habría el peligro de crear un sistema impositivo regresivo? ¿Implantamos una nueva fiscalidad ecológica en todos los países o sólo en aquellos que son más responsables? ¿Qué pasa con aquéllos países que históricamente no son responsables, pero que hoy en día son  grandes emisores (cómo China o la India)?

El reto de diseñar una nueva fiscalidad que grave las emisiones de CO2 pero que no sea regresiva (no afecte más a las rentas bajas que a las altas) es complicado. Depende de la estructura productiva de los países, del consumo… y por lo tanto debe plantearse a nivel Estatal.

Gravar las emisiones con un impuesto podría no resultar adecuado en según que países. Primero porque los impuestos tienen un efecto directo sobre los consumidores, disminuyen su renta disponible para el consumo y después porque también existen unas consecuencias indirectas, el incremento de los precios debido a que las empresas son capaces de trasladar los incrementos impositivos sobre el precio final.

Esta capacidad de las empresas de aumentar los precios (y por lo tanto de esquivar su responsabilidad) depende de la elasticidad-precio de la demanda. Cuando más elástica sea, significa que más disminuirá su venta si aumenta el precio. Por el contrario, si es inelástica, aunque aumente el precio su consumo será igual, por lo tanto las empresas podrán cargar los costes del impuesto sobre los consumidores y no sobre sus beneficios.

Los estudios(1) indican que los impuestos ecológicos tienden a ser ligeramente regresivos, si bien la mejora ambiental suele ser progresiva (beneficia a los estratos más pobres). Por lo tanto, dada la regresividad de los impuestos, es necesario planificar una política de ayudas que contrarresten este efecto (por ejemplo, no gravar los consumos muy bajos y gravar mucho los consumos más altos).

El problema no es sólo la regresividad en las capas sociales de un mismo país, sino la regresividad entre países. Deben pagar mucho más aquellos países históricamente más responsables y más ricos. Es necesario establecer el “precio” del cambio climático y la proporción en que debe participar cada país según su capacidad económica.

Variación de las emisiones desde 1990



Cómo vemos, no todos los países han hecho oídos sordos al problema ambiental. Desde 1990, fecha que se toma cómo referente en el protocolo de Kioto, muchos países (sobre todo de la UE) han reducido sus emisiones, la cual cosa debe tenerse en cuenta.

No estaría mal plantear un sistema de penalización-bonificación, el cual gravase las emisiones en todos los países y, con parte del dinero conseguido, bonificase a aquellos países que han hecho un esfuerzo mayor para disminuir su impacto en el mundo.

Este sistema ayudaría a establecer una mayor dinámica en los procesos de transformación ecológica de las economías, pues se premiaría las buenas actitudes y se castigaría a aquellos que siguieran sin actuar, haciendo que cada vez resultase más costoso no hacer nada.

(1) ¿Es regresiva la política medioambiental? http://bit.ly/tlvgOL

1 comentario:

  1. Nos estamos cargando a marchas forzadas al planeta pero somos pocos los que intentamos ponerle remedio, un saludo!

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