domingo, 4 de diciembre de 2011

La respuesta de los gobiernos al cambio climático (I): Una reacción con mucho retraso

En el ecuador de la cumbre de Durban, que va camino a ser otra decepcionante conferencia sobre el clima, no  parece que los gobiernos estén dispuestos a ponerse a trabajar para solucionar el gran problema del siglo: el cambio climático. No se avista ningún atisbo de solución, la cual sin duda llegaría tarde. Pero casi mejor tarde que nunca. Una de las preguntas que podría venirnos a la cabeza cuando oímos esto es ¿Por qué no se ha actuado antes? ¿Cuándo se descubrió el cambio climático y porque nadie lo ha impedido hasta ahora?

Son sin duda dos preguntas que implican una reflexión sobre la responsabilidad que tienen en ésto los gobiernos, el sistema económico, la comunidad científica y la sociedad. En un problema que es, a día de hoy, el mayor problema al que se ha enfrentado nunca la humanidad.

Es un problema global y por lo tanto la solución deberá ser conjunta pero, ¿Cuántos años hemos perdido ya entre debates estériles y posturas egoístas y/o escépticas? Cuanto más tiempo pasa sin que los gobiernos actúen, mayores serán las consecuencias y por lo tanto, aquéllos que obstaculizan los acuerdos o miran hacia otro lado cuando se les exige que se impliquen, deberán acarrear la responsabilidad moral (y quién sabe si algún día se les exigirá costear también la responsabilidad económica o incluso la política) de los males que provoque el cambio climático en el mundo.

Es bueno recordar que los gobiernos no son tontos, que aunque finjan que no saben qué pasa, lo saben. Bajo su custodia están los informes científicos y los gubernamentales, de los cuales seguramente nunca sabremos nada. Pero aunque una parte de la verdad nos sea ocultada, hay otra, la de la comunidad científica, que evidencia que el cambio climático es real y que es por causas antropogénicas.

En el artículo de hoy vamos a intentar poner fecha al momento en que se llegó a ésta conclusión y por tanto al momento en que la responsabilidad fue eludida por los diferentes gobiernos (y demás poderes fácticos) que prefirieron seguir en la senda del crecimiento económico aun a sabiendas que no tan solo no era sostenible sino que además traería consecuencias catastróficas para la humanidad.

Siglo XIX: las primeras evidencias tienen ya casi 200 años

La expresión “efecto invernadero”, que parece que haya sido creada de la nada hace unos años, tiene actualmente casi dos siglos de antigüedad. Fue acuñada por Joseph Fourier un reputado matemático y físico nacido en 1768.

En 1822 publicó su obra Teoría Analítica del calor (Théorie analytique de la chaleur). En dicha obra llegó a la conclusión de que la Tierra tenía una temperatura mucho mayor a la que le correspondería debido a que la atmósfera, de algún modo intercepta parte de la radiación emitida desde la superficie terrestre, evitando que ésta se pierda.

No fue hasta 1860 cuando John Tyndall completó ésta hipótesis añadiendo que no todos los gases de la atmosfera eran transparentes al paso del calor, sino que el CO2, el vapor de agua y el metano absorben calor y por lo tanto son los responsables del efecto invernadero.

Siguiendo estas teorías, el siguiente científico en entrar a la palestra fue Svante Arrhenius, un famoso químico. Fue el primero en afirmar que la variación de la concentración de CO2 era la responsable de los períodos de glaciación y de calentamiento.

Cabe destacar, que esta conclusión no causó gran estupor en la época, pues la comunidad científica consideraba imposible que las actividades humanas pudiesen provocar un aumento del CO2 atmosférico.

Primera mitad del Siglo XX: La comunidad científica toma conciencia de las consecuencias de la revolución industrial

¿Quién fue el primero de ligar la actividad humana con el cambio climático? Ese mérito es de un ingeniero inglés llamado Guy Stewart Callendar, que en 1938 dio una conferencia en la Royal Meteorological Society de Londres donde afirmó que la quema de combustibles fósiles aportaba grandes cantidades de dióxido de carbono, los cuales habían empezado a provocar un cambio climático.

 Entonces no se entreveían aun las catastróficas consecuencias que esto podía acarrear, e incluso se consideraba beneficioso para evitar futuros períodos de glaciación.

Cabe destacar, que su estudio fue rechazado por la comunidad científica, debido en gran parte a que Callendar era ingeniero y su teoría fue menospreciada por las élites académicas.

Con el paso del tiempo, la teoría de Callendar fue aceptada debido al trabajo de científicos como el soviético Milutin Milanković, un geofísico muy reconocido por sus avances en astronomía. Desarrolló una teoría que explicaba las causas astronómicas de las glaciaciones terrestres y permitió ampliar el conocimiento que se tenía sobre el cambio climático.

Estas teorías abrieron camino a científicos como Gilbert Plass, Roger Revelle y Charles Keeling que llegan a una serie de conclusiones: que la Tierra se calienta, que la temperatura podía aumentar 1,1ºC por siglo, que los océanos sólo podrán absorber una pequeña parte del total de CO2 emitido y que el desequilibrio del clima traería graves inconvenientes a las generaciones futuras.

Segunda mitad del Siglo XX: Las nuevas tecnologías ayudan a entender mejor el cambio climático.

La introducción de modelos computacionales, cómo los utilizados por Dennis Meadows en “Los límites del crecimiento” (1972) o los utilizados para estudiar las corrientes oceánicas o las consecuencias de los CFC empezaban a esclarecer las dimensiones del problema.

A medida que se van formulando modelos sobre el cambio climático, decrece el escepticismo, aunque éste sigue muy arraigado en sociedades cómo la americana debido a que son alimentadas sin cesar por grandes lobies ligados a la industria automovilística y energética.

En conclusión: partimos con mucho retraso.

La comunidad científica desde hace décadas, los movimientos ecologistas e incluso los movimientos indígenas advertían de los graves peligros de modificar el equilibrio de la naturaleza y en especial el clima.

Aun así, no fue hasta 1979 cuando se llevó a cabo la primera Conferencia Mundial sobre el Clima (Ginebra), mucho más hubo que esperar para que se fundara el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, de las siglas en inglés de Intergovernmental Panel on Climate Change) en 1988.

Es por tanto ya el inicio un fracaso en sí. Independientemente la de inoperancia de los gobiernos actuales, la dejadez de aquellos que los precedieron han convertido un problema de perspectiva de futuro en una grave crisis internacional que exige una reacción drástica e inmediata.

No hay comentarios:

Publicar un comentario