domingo, 6 de noviembre de 2011

La crisis climática no tiene solución en el capitalismo (Nicola Bullard)

El artículo de hoy es una entrevista de Juan Tortosa a Nicola Bullard para solidaritéS, traducida por VIENTO SUR. Nicola Bullard, periodista y editora, ha trabajado en Camboya, Tailandia y Australia para diversas ONG y sindicatos; en particular, ha sido codirectora de “Global Finance: New Thinking on Regulating Speculative Capital Markets”.


Se habla mucho de promover una nueva economía verde. ¿En qué términos se ha debatido esta cuestión en la conferencia del UNRISD?

Estos últimos años hemos oído hablar mucho de “economía verde”, planteada como una respuesta a las tres crisis: ecológica, económica y social. Sin embargo, hay distintas maneras de concebir la “economía verde” y pocas discusiones sobre su impacto social. Para algunas y algunos, “enverdecer la economía” es como una fórmula mágica: la ven como una especie de nuevo contrato social ecológico que acelerará la transición hacia economías de bajas emisiones de CO2, crear nuevos puestos de trabajo limpios y dignos y frenar la destrucción del medio ambiente. Sin embargo, no todo el mundo comparte este planteamiento. Para otros, la “economía verde” significa la apertura de un nuevo sector económico que estimulará el crecimiento átono, particularmente en los países del Norte. Finalmente, quienes defienden una perspectiva de crítica global sostienen que esta triple crisis no puede resolverse dentro del sistema económico actual y de sus instituciones; la “economía verde” no representa por tanto nada más de un “Consenso de Washington verde”* 

Cualquiera que sea la manera de concebir la “economía verde”, la dimensión social es crucial, y de ahí que esta conferencia internacional haya sido una iniciativa importante. Si muchas aportaciones han abordado cuestiones teóricas y empíricas, las conclusiones de la mayoría de ellas se han hecho eco de las experiencias y demandas de numerosos movimientos sociales. Por ejemplo, Asunción St. Clair, del Centro Internacional de Investigación sobre el Clima y el Medio Ambiente, de Oslo, ha subrayado que el “cambio climático altera todo; hemos de repensar lo que entendemos por desarrollo, bienestar y calidad de vida”. Otro investigador de la OIT, especialista en cuestiones agrarias, ha insistido en que la economía verde sigue “las huellas de un sistema que ha producido desigualdad durante decenios”, abogando por una transformación de la agricultura alejada de la agricultura industrial. En la sesión de clausura, Laura Rival, de la Universidad de Oxford, rechazó la idea de que el desarrollo sostenible esté constituido por tres pilares separados (económico, ecológico y social) , recalcando en cambio la necesidad de discutir estos tres aspectos conjuntamente (ecológico, social y de desarrollo).

Ha sido realmente alentador ver a tantos académicos y analistas políticos de altos vuelos hacer suyas las ideas que escuchamos en los Foros sociales mundiales e incluso en las manifestaciones al margen de los debates sobre el clima en el seno de las Naciones Unidas. Esto ha abierto posibilidades muy constructivas de establecer alianzas y de trabajar en común. Sin embargo, está claro que las contradicciones son enormes: ¿cómo se puede argumentar contra la idea del crecimiento cuando hay tanta pobreza y tanto desempleo? ¿Quién puede poner coto a los mercados financieros? ¿Cómo podemos cambiar el rumbo cuando la relación de fuerzas es tan desigual entre quienes se benefician del estado de cosas actual y quienes sufren sus consecuencias? ¡Todavía queda mucha tela que cortar!

Después de Copenhague y Cancún tendrá lugar, a comienzos de diciembre en Durban, la próxima reunión internacional sobre el clima. ¿Por qué esta fecha suscita tan poco interés, tanto por parte oficial como de los movimientos sociales, pese a que la situación es más alarmante que nunca?

Es cierto, hay todo un abismo entre el grado de movilización en torno al clima y la realidad del cambio climático. Con respecto a 2009 ha habido un declive de la visibilidad global del movimiento por la justicia climática. Esto se debe a dos razones importantes. En primer lugar, se ha tomado conciencia de que la “crisis climática” no se resolverá ni en Copenhague ni en Cancún. Está claro que los principales poderes económicos están negociando con miras a defender sus intereses y no a salvar el planeta. En segundo lugar, el movimiento por la justicia climática todavía es joven; carece de una estrategia definida sobre qué hay que hacer y quién debe hacerlo. Por otro lado se desarrollan muchas actividades a escala nacional; después de Fukushima, los movimientos antinucleares y por la justicia climática se han aliado para propugnar una energía renovable segura. En muchos países están organizándose coordinadoras nacionales por la justicia climática a fin de incrementar el nivel de conciencia pública e incitar a sus respectivos gobiernos a actuar, con o sin el acuerdo de las Naciones Unidas. Vistas estas iniciativas, me parece que podemos abrigar esperanzas y que empieza a comprenderse el vínculo que existe entre las cuestiones sociales y las cuestiones ecológicas, incluso en el Norte.

¿Piensa todo el mundo actualmente en la siguiente etapa, la de Río? ¿Qué ocurrirá en junio de 2012 en esta ciudad brasileña? ¿Qué temas se tratarán?

Nadie espera que se produzca un avance decisivo en la Conferencia de Río: lo más probable parece ser una aprobación de la economía verde y tal vez la asignación de fondos asociados a la economía verde. Sin embargo, ante el colapso social y ecológico extremo que afecta a miles de millones de vidas, estas respuestas son totalmente insuficientes. Es responsabilidad nuestra llamar la atención sobre esta cuestión. También debemos estar al tanto, pues subsiste el riesgo de que los fundamentalistas del mercado recuperen nuestro proyecto social y ecológico al ver en él un medio para ganar dinero gracias a la catástrofe ecológica. Al mismo tiempo, también tenemos la posibilidad de dar una gran visibilidad a las propuestas y prácticas que vienen de abajo, respuestas efectivas y concretas para muchos de estos problemas. En Focus on the Global South estamos impulsando la idea de la “desglobalización”. Pensamos que la economía debe estar al servicio de la sociedad y de la naturaleza, y no al revés; vamos a trabajar junto con otros grupos para desarrollar ideas que puedan llevarnos a un futuro más justo y sostenible.

¿Crees por tanto que Río debe ser la próxima cita internacional de los movimientos sociales?

Sí, creo que hay que movilizarse por Río. Esto no quiere decir que debamos ir todos a Río, sino que debemos trabajar juntos, por encima de las fronteras y los sectores, a fin de promover conjuntamente un plan de acción y una serie de propuestas que podamos presentar, no solo a los gobiernos, sino ante todo al público. La cuestión clave es el lazo entre sociedad y ecología: cómo podemos superar la desigualdad, la explotación y la marginación y al mismo tiempo regenerar y proteger los ecosistemas, crear economías locales y ampliar la democracia real. No creo que la economía verde pueda conseguirlo y por tanto debemos comenzar a trabajar con los sindicatos y los movimientos sociales, los y las investigadoras e incluso las empresas locales, para ver cómo crear algo desde abajo que obre a favor de la gente y del planeta.

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