domingo, 14 de agosto de 2011

Opinión sobre AcampadaBCN (2): Soberanía Alimentaria

El de hoy, es el segundo artículo de opinión sobre las propuestas formuladas por la comisión de medio ambiente de la Acampada de Barcelona. Trata de varios temas, pero todos giran sobre un mismo eje: Soberanía Alimentaria. Está llamado a ser un tema crucial este siglo. El éxito o fracaso de nuestra sociedad dependerá en gran parte de asegurar la soberanía alimentaria de los pueblos que tradicionalmente (sobre todo desde la época colonial) han estado en desventaja respecto a los países ricos.

2) Demandamos la Soberanía Alimentaria, el fomento de la Agroecología, la prohibición de los Organismos Modificados Genéticamente (Transgénicos), la prohibición de las patentes sobre las semillas y una Reforma Agraria que elimine los latifundios y su reemplazo por Bancos de Tierras bajo gestión comunitaria.

Soberanía Alimentaria

Es sin duda la Soberanía Alimentaria de los pueblos y países del mundo la asignatura pendiente de la sociedad capitalista. Pero, ¿Qué es la soberanía alimentaria? La definición más conocida es la siguiente:

Soberanía Alimentaria es el derecho de los pueblos a definir su propia alimentación y agricultura; a proteger y regular la producción y comercialización nacional a fin de lograr objetivos de desarrollo sostenibles; a determinar la medida en que quieran ser autosuficientes; a restringir el dumping de productos en sus mercados; y a proporcionarle a las comunidades de pescadores artesanales la prioridad en la administración del uso de recursos acuáticos y los derechos sobre los mismos. La Soberanía Alimentaria no invalida el comercio, sino más bien fomenta la formulación de políticas y prácticas de comercio que sirvan a los derechos de los pueblos a la alimentación y a la producción inocua, sana y ecológicamente sostenible. (Red de Soberanía Alimentaria de los Pueblos, 2002)

Muchos de los países que hoy consideramos pobres lo son debido a nuestras políticas comerciales. Hay una gran cantidad de países bajo el yugo del monocultivo impuesto por la globalización de unos pocos Estados. Al dedicar sus tierras a cultivar café, plátanos, algodón o cualquier otro producto de forma única para exportar hace que necesiten importar de otros países los alimentos que ya no cultivan. Es en ese momento cuando son conscientes de que literalmente les han robado su soberanía alimentaria. Un país que sería capaz de cultivar sus propios alimentos pasa a depender de otros países para importarlos, debido a que ha vendido sus tierras a un cultivo que no está destinado a satisfacer sus necesidades. Es el lastre al que están sometidos muchos países que antaño estuvieron sometidos al yugo colonial, el cual hoy en día queda camuflado bajo eufemismos derivados del libre mercado y la globalización.

El comercio internacional de alimentos, lejos de lo que muchos han defendido, no ha traído consigo una disminución del hambre en el mundo. Muy al contrario, ha servido para fomentar nuevas formas de esclavitud y de sometimiento y, en resumen, ha supuesto una pérdida de libertades e identidad de muchas poblaciones que hoy en día son tratadas exclusivamente cómo mano de obra.

Fomento de la Agroecología, supresión de los OMG y supresión de las patentes sobre las semillas

Estos tres temas he decidido agruparlos porque creo que están bastante relacionados entre sí. Mucha gente defiende que es necesario aumentar la productividad de los cultivos (uno de los estandartes de la mal llamada “Revolución Verde”), pero cada vez queda más patente que este aumento no puede darse a costa de sobreexplotar el medio ambiente. Pues a la larga, esto supondrá una disminución drástica de la producción debido a la degradación del suelo agrícola.

Por lo tanto, hay que fomentar una producción que encaje en el funcionamiento del ecosistema y que a la vez asegure una producción suficiente para satisfacer la demanda de alimentos.

La agricultura convencional comporta una serie de problemas ambientales que no pueden pasarse por alto. La erosión del suelo, la pérdida de biodiversidad y de diversidad genética, la salinidad del suelo, la disminución del nivel freático debido a la sobreexplotación acuífera y también la contaminación de los ecosistemas debido al uso de insecticidas, fertilizantes y herbicidas.

Hay que descartar los elementos nocivos de la agricultura moderna, aunque esto suponga renunciar en parte a una mayor productividad. Entre ellos, destaca un nuevo elemento de la agricultura moderna, los OMG (Organismos Modificados Genéticamente) conocidos comúnmente cómo transgénicos. En un artículo anterior ya comentamos los problemas del cultivo de transgénicos. Pero es importante insistir en que el negocio de patentes que hay detrás de los alimentos transgénicos no contribuirá a aumentar la soberanía alimentaria en el mundo. Al contrario, en mi opinión, la distribución de “alimentos con derecho a patente” dificultará enormemente el fomento de las libertades y de las oportunidades en países en desarrollo.

Quizás es necesario aumentar la productividad en el cultivo de alimentos (digo quizás porque hay muchas voces que señalan que la producción ya es suficiente, pero que está mal repartida. Recomiendo leer el blog de Esther Vivas, sobretodo un artículo llamado “Los porqués del hambre”), pero debemos hacerlo con aquellas técnicas que sean respetuosas con el medio ambiente y que fomenten la autonomía alimentaria de los pueblos. Hay que desvincular los alimentos del comercio internacional y fomentar una agricultura local. Devolver la soberanía alimentaria a los campesinos y fomentar prácticas agroecológicas que permitan mantener la complejidad de los ecosistemas. De la calidad de los ecosistemas dependerá en gran parte el triunfo o el fracaso de muchos pueblos y es por tanto también un acto de responsabilidad común el hecho de ayudar a otros pueblos a labrarse un futuro socialmente justo, económicamente viable y ambientalmente sostenible.

Reforma Agraria y Bancos de Tierras bajo gestión comunitaria

Es importante que las tierras vuelvan a estar en manos de los campesinos. No creo que la solución sea la expropiación de tierras, ya que esta puede resultar muy injusta para una parte de la población. Pero sí que hay que tener en cuenta que la tierra es un bien público y aunque puede ser explotada para finalidades privadas, debe ser en beneficio de la sociedad.

Es por lo tanto muy importante llegar a un pacto social que englobe a latifundistas y campesinos a encontrar una solución para que las tierras agrícolas sean explotadas lo más justamente posible.

En países en desarrollo, es importante que las tierras se desvinculen de la explotación que sufren a manos de grandes multinacionales. Hay que apostar por una nacionalización de los recursos naturales para que sea el pueblo quién libremente controle el cultivo de sus tierras.

En países desarrollados es importante volver a fomentar la agricultura y en general las tradiciones rurales. También es importante que los grandes latifundistas cedan sus tierras en contratos comunitarios de usufructo y que se penalice a aquellos que abandonen tierras agrícolas favorables para el cultivo.

Se trata de reestructurar el reparto de los recursos. Hay gente que tiene tierras, pero no tiene voluntad o recursos humanos para explotarlos. Pero también hay gente dispuesta a trabajar en el campo, pero que no tiene tierras. Es importante, que se establezcan contratos justos de explotación, que permitan la explotación de tierras de forma económicamente rentable y ambientalmente sostenible. 

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